Cómo funciona el mecanismo del libre albedrío en el ser humano (I)

Habíamos concluido el artículo anterior diciendo que:

En el siguiente artículo, para redondear el tema, hablaremos un poco del libre albedrío, y de sí, entonces, estamos realmente en control de nuestras vidas y destinos, si realmente lo que pasa ahí fuera tiene algo que ver con decisiones conscientes de la gente o si todo forma parte de un proceso inconsciente en el que las cosas “pasan” y no tenemos control alguno sobre ellas por mucho que nos esforcemos en querer modelar nuestra vida como nos gustaría que esta fuera.

Empecemos entonces definiendo el concepto de libre albedrío, tal y como es percibido desde el nivel de nuestro Yo Superior.

“El libre albedrío es la capacidad de escoger conscientemente dentro de tu trama sagrada el siguiente fotograma espacio temporal que contiene el evento, información, situación o acción que está más alineado con tu bien mayor, tu crecimiento, tu evolución y tu plan de vida.”

Así pues, la capacidad de escoger conscientemente aquello que más nos conviene según nuestro plan personal evolutivo es lo que define el libre albedrío, y, sin embargo, es una definición que pocos de nosotros podemos realmente aplicar en la práctica. Veámoslo por partes.

El ancho de banda de mi trama sagrada

Mi capacidad de escoger entre las diferentes alternativas que tengo presente en mi trama sagrada viene determinada por la composición de esta. ¿Qué quiere decir eso? Como vimos anteriormente, no todo el mundo tiene el mismo número de “opciones” dentro de su trama, que, como otras veces hemos comentado, sería el equivalente a un enorme tablero de ajedrez donde cada casilla es un fotograma espaciotemporal que contiene un micro instante de información, codificando una micro acción en ese instante de tiempo.

A medida que nuestra consciencia pasa de fotograma en fotograma, se produce el movimiento energético que percibimos como tiempo, pues ahora estoy en el fotograma N de mi trama en un carril determinado de la misma, y ahora paso al fotograma N+1 que contiene la siguiente micro acción que yo percibo como la continuación de un evento de mi realidad (estoy en la silla, me levanto, ando a la cocina, cojo algo…. etc. Cada una de estas acciones secuenciales está codificada en trillones de fotogramas unidos entre sí y con todas sus posibles variantes).

Por lo tanto, dependiendo inicialmente del “ancho de banda” que tenga tu trama sagrada, para cada fotograma de tu realidad tendrás diferentes posibilidades para moverte al fotograma siguiente.

Como vimos también hace unas semanas, la variante ómicron imbuye códigos para reducir la trama sagrada de todos los seres humanos a un x8, es decir, que cada persona tenga solo 8 posibles efectos para cada causa, o, dicho de otra forma, que de cada fotograma en el que estoy, tenga solo 8 posibles fotogramas a los que me pueda mover a continuación para la siguiente micro acción que debo realizar dentro de aquello que estoy viviendo o experimentando (si me levanto y voy a la cocina, tengo solo 8 posibles formas de hacerlo).

Esto puede parecer absurdo, pues estoy seguro de que podemos listar cientos de variantes para las cosas que nos pasan, pero recordad que estamos hablando de fotogramas temporales que tienen una duración ínfima, y que solo el hecho de parpadear ya requiere de millones de fotogramas para que pueda el cuerpo mover los músculos del ojo y el párpado de una determinada forma.

Así, nuestras partículas “cuánticas”, las que nos forman en un nivel mucho más pequeño que las células que forman parte de los músculos de mis ojos, en estos momentos solo pueden proyectar, desde el “ahora”, 8 posibles versiones del “ahora+1”, lo cual quiere decir que solo hay 8 posibles variantes simultáneas de que mis músculos se muevan en cada micro instante para conseguir que, al final, haya podido parpadear una vez.

Esto, en otras palabras, quiere decir que, con los códigos de la variante ómicron, como habíamos explicado, se ha reducido el libre albedrío de la humanidad de varios cientos de posibilidades existentes dentro de cada trama sagrada individual, y, por expansión, global y común para toda nuestra especie, a una trama donde, nuestros carriles personales que llevan la manifestación de nuestra realidad desde el plano mental al físico, solo tiene 8 posibles variantes dentro de cada instante espaciotemporal.

Sin diferencia alguna a nivel práctico

En el día a día del ser humano, no hay diferencia alguna que tengamos 8 o 200 variantes simultáneas de cada cosa, pero, para REC y SC, que controlan nuestras líneas temporales “globales”, hay un abismo entre monitorizar cientos de posibles variantes para cada futuro proyectado por la psique colectiva a monitorizar y pasar a controlar (o intentarlo) solo 8 variantes para cada futuro cocreado por todos.

Entonces, ¿Por qué para el día a día del ser humano no existe diferencia? Por el segundo parámetro de la definición de libre albedrío: escoger conscientemente.

Por la forma en la que lhumanu y luego todas las versiones de “homo” hasta el homo sapiens fueron creados, ninguno de nosotros tenemos la capacidad de escoger qué queremos hacer conscientemente en el nivel micro en el que se ejecuta la decisión de a que fotograma me conviene más pasar a continuación, desde el fotograma de realidad en el que estoy ahora.

Como habíamos explicado en otros artículos, nuestra esfera de consciencia se mueve por nuestra trama sagrada pasando del momento “ahora” al momento “ahora+1” según la energía que contengan los diferentes fotogramas que tengo en el momento “ahora+1”.

Esto quiere decir que, si estoy “aquí y ahora”, el siguiente momento de “aquí y ahora” será el que tenga más energía de los 8 posibles momentos que tengo en mi siguiente fila de fotogramas espacio temporales. Si lo visualizamos como el tablero de ajedrez descrito, y yo estoy enfocado en una casilla de la primera fila, de todas las casillas a las que me puedo mover a la segunda fila mi consciencia se irá automáticamente a la casilla que contenga más energía. Así, por atracción, me enfocaré en el micro evento de los ocho posibles que puedo “vivir” a nivel cuántico, y ahí me moveré, por la fuerza de atracción de ese evento que la energía contenida en el mismo realice sobre mi esfera de consciencia.

Calculando el siguiente fotograma espaciotemporal que voy a “experimentar”

El cálculo de la energía de cada fotograma lo realizan automáticamente los programas de nivel 1 y 2 de las esferas mentales que vimos unos artículos atrás, así que, una vez realizado el cálculo, los programas de la mente emiten un código que indica a la esfera de consciencia que debe moverse, por ejemplo, al micro evento 8c (el tercero de los 8 posibles que tengo en mi siguiente paso dentro de mi trama).

Cuando estoy en 8c, esa casilla de mi trama se convierte en mi “aquí y ahora” y se repite el proceso. Mis programas mentales calculan el siguiente fotograma de realidad que tiene “más peso energético” de la siguiente fila de fotogramas espacio temporales, y, entonces, mi consciencia se mueve a ese fotograma, el 8d de la siguiente fila de eventos dentro del tablero de ajedrez que es mi realidad, por ejemplo.

Esto funciona 24h al día cada instante de nuestra vida trillones de veces cada segundo, así que, como podéis imaginar, la personalidad no está involucrada en absoluto y la elección de lo que nos pasa, por decirlo de alguna manera, es automática en todo momento, dependiendo de la energía y poder de atracción que cada micro instante de espacio-tiempo ejerza sobre nuestra consciencia.

Así que, de momento, ¿Podemos decir que tenemos libre albedrío? Si, lo tenemos. ¿Podemos decir que lo ejercemos? No, pues es automático y no hay ningún ser humano que decida cómo moverse fotograma a fotograma dentro de las posibilidades codificadas en su trama sagrada.

Entran en juego los puntos de destino

Perfecto. Ahora me diréis, pero yo he decidido cosas en mi vida, yo he tomado decisiones, yo he cogido el rumbo de mi realidad y he ejecutado esto o lo otro conscientemente…

Bueno, solo es correcto hasta cierto punto. ¿Qué punto?

Existen puntos dentro de nuestra trama sagrada, eventos o situaciones, que son muy importantes dentro del plan evolutivo de la persona, y que pueden significar que nos vayamos por el ramal A o por el ramal B con situaciones muy diferentes si tomamos uno u otro. Por lo tanto, en este momento, el YS y el alma deben, obligatoriamente, poner en “pausa” los programas automáticos e involucrar a la personalidad para que todos los niveles que nos forman estén de acuerdo en cuál ramal tomar.

Es decir, cuando llegamos a un “punto de destino”, una bifurcación importante porque los efectos que se propagarán a partir de ese fotograma pueden crear ya una realidad bastante diferente, más allá de ir a la cocina y coger un plátano o coger una manzana, entonces no se puede hacer en “automático”, sino que debe haber una cierta reflexión por todos los niveles de consciencia, siendo la personalidad uno de ellos y que debe estar involucrada.

En estos casos, el YS evalúa los carriles, pasa la información al alma y el alma a la personalidad hasta dónde puede y cómo puede (intuiciones, sensaciones, deseo de tomar una de las dos alternativas, mensajes en sueños, sincronicidades, etc.). Cuando la personalidad se encauza entonces en la alternativa preferida del alma y del YS hasta donde ha sido capaz de contribuir a la decisión, y ya estamos recorriendo los eventos resultado de esa decisión, entonces los programas vuelven a modo automático, y continuamos cocreando la realidad y moviéndonos por nuestra trama sagrada en el carril en el que estemos en ese momento de nuevo, sin que la personalidad vuelva a tomar mayor implicación en las micro decisiones que forman parte de este.

En todos los sentidos, este mecanismo explicado es la razón por la que el proceso de libre albedrío es percibido ligeramente distorsionado respecto a cómo funciona realmente, ya que, aunque sí que lo tenemos, son normalmente niveles superiores de nosotros mismos (alma, espíritu, YS) los que tienen la capacidad de ver el carril por el que vamos y sus eventos “desde lejos”, y, por lo tanto, son los únicos que tienen la capacidad de influir a la personalidad respecto a cual de ellos es el más adecuado.

Incluso en el ejemplo que he puesto antes de decidir comer una manzana o un plátano, que no es ni de lejos un punto de destino, no ejecutamos realmente nuestro libre albedrío, porque el alma y los programas de gestión del cuerpo, que monitorizan continuamente nuestro estado físico y energético, son los que imbuyen en el programa “deseo” de la personalidad aquella decisión que está más acorde a nuestro bien mayor. Pero ojo, ¿Y si quiero comerme un donut en vez de un plátano? ¿Comerme un donut está más acorde a mi bien mayor que una fruta?

Pues depende, porque si comerte un donut calma una necesidad emocional que está controlada por patrones mentales que monitorizan todos los aspectos de nuestra psique y sistema físico y energético, entonces es más importante comerte el donut que la fruta. Aunque esta decisión no sea la más adecuada para la salud general del cuerpo físico, lo es para el cuerpo emocional, y “gana”, en esta ocasión, la opción del donut como el siguiente fotograma, o micro carril, por el que tus programas mentales mueven tu consciencia para que recorras las micro acciones espaciotemporales que te llevan a comerte el donut o dulce, por encima de lo que se supone que es mejor para ti y que está representado (en general) por la fruta.

Así, como veis, el libre albedrío siempre depende del computo de lo que necesitamos en cada momento, y eso puede ser diferente a lo que creemos que es mejor en cada momento, y lo que necesitamos siempre tiene en cuenta todos los cuerpos y elementos físicos y energéticos que nos forman. Por supuesto, si la necesidad de comer un dulce es puntual, perfecto, en el siguiente momento en el que haya que tomar una decisión parecida el alma y los programas de las esferas mentales probablemente se decantarán por la manzana, si en el conjunto de tus posibilidades esa es la que tiene más peso y atrae a la esfera de consciencia para que recorra los eventos necesarios para ello.

Si, por el contrario, existe un desbalance o problema emocional importante y siempre “gana” la opción, digamos, menos saludable, entonces es necesario el trabajo energético y terapéutico sobre la parte emocional, que es la que lleva a decantar a los procesos de manifestación de la realidad por opciones que pueden ser contraproducentes para la parte física, por ejemplo. Esta misma explicación la podéis extrapolar a todos los procesos mentales, emocionales, energéticos y físicos, pues siempre funciona de la misma forma, sea que estemos decidiendo qué libro leer o si salir a dar un paseo o enchufarnos la tele.

Así, a partir de la comprensión de este mecanismo de forma general, espero se entienda cómo funciona nuestro proceso de escoger las “cosas que nos pasan”, en base a la forma de crear nuestra realidad que tenemos codificada en nuestra psique. Como cada persona tiene una programación diferente, un carril evolutivo diferente, con aprendizajes y necesidades diferentes y con puntos de destino diferentes, aunque el resultado dependa de lo que le toque a cada uno, el mecanismo de análisis siempre ejecutará este mismo proceso y decidirá por sí solo las cosas más mundanas y rutinarias, recibiendo instrucciones desde el alma, espíritu y YS para cosas relativamente más importantes incluyendo conscientemente a la personalidad para que la decisión que se haya de tomar haya sido consensuada entre todos los niveles de aquello que somos.

Usando el poder de la voluntad

Bien, entremos más en detalle, pues el proceso no es tan sencillo, ni de lejos. Puesto que todos los diferentes “yoes” que nos forman y que son nuestras “subpersonalidades” tienen voz y voto en lo que nos pasa y tienen todos un cierto grado de autoconsciencia y autonomía, si uno de esos “yoes” no está de acuerdo con la elección de comerse un donut, puede tratar de cambiar esa decisión incrementando su energía y emitiendo parte de sí mismo como “ondas” para que uno de los fotogramas de mi «futuro inmediato» que contiene la manzana tenga más peso.

A su vez, este “yo” que prefiere la manzana trata de reducir el poder del otro “yo” que prefiere el donut para que este no prevalezca. Si el “yo” que gestiona el estado anímico prefiere el dulce pero el “yo” que gestiona los procesos digestivos prefiere la fruta y este último es capaz de dotar de más energía a su elección, entonces conseguimos “dominar” el impulso de comer dulce y, por un proceso de recalcular el fotograma siguiente de realidad al que vamos a conectarnos, manifestamos finalmente la opción de comer la fruta en vez del dulce (movemos todos los procesos del cuerpo necesarios para que la mano coja la fruta y nos la comamos, fotograma a fotograma).

Para que un “yo” gane más poder sobre otro este se conecta al flujo de “voluntad”, que es una energía que desciende por el cordón dorado desde el YS y está disponible para todos los procesos autoconscientes de la mente. Por lo tanto, cualquiera de nuestras subpersonalidades puede “absorber” más voluntad desde su conexión a la línea del Hara (cordón dorado), incrementar su poder y potencial, y hacer valer su opción de manifestar la realidad por encima de los otros yoes.

Cuando existe “empate” o no hay forma de que una de nuestras subpersonalidades “gane” (en general no sucede nunca, pues tenemos partes de nuestro carácter formados por yoes mucho más potentes que otros que definen los rasgos principales de cómo somos) entonces el programa “ego” de gestión global de la psique tiene la última palabra, y es quien decide mover la esfera de consciencia hacia una de las dos opciones (una de las 8 en realidad) actualmente presentes para el siguiente “ahora”.

Cuando ni siquiera el programa ego lo tiene claro porque las dos opciones están muy equilibradas y ambas pueden ser necesarias, pide consejo al alma, solicitando instrucciones a través del chakra del timo que actúa como centralita de interconexión alma – ego.

El alma entonces revisa el estado de todo el sistema energético, computa por sí misma cual es la mejor opción para el bien mayor del conjunto, y entrega el código de instrucciones al programa ego. Este, entonces, como posee mayor consciencia y jerarquía que los yoes individuales, es quien determina lo que sucederá en el siguiente “ahora”, y ahí es donde se mueve la esfera de consciencia y es aquello que, entonces, se convierte en el siguiente evento de nuestra realidad.

Como ya podéis suponer, y como resultado, internamente, en tu psique, percibes y tienes un debate sobre si pera o pastel, y unos impulsos y un deseo, y dudas, y momentos de no saber si coger uno u otro, y no te decides, y coges uno y luego lo dejas porque sientes que no es bueno y te planteas coger el otro, pero al final terminas comiéndote el primero. Varios minutos después, vas a la cocina y te comes lo otro, porque el “yo” que ha “perdido”, literalmente, no ha cejado en intentar que también ejecutes aquello que ha considerado que era mejor. Y así, aunque lo hayamos exagerado un poco, infinitas veces en cada segundo de tu vida para cada acción que has de tomar en tu realidad.

En resumen

Este proceso es extremadamente complicado y hay muchos otros programas implicados que asisten a los yoes y al ego y a todo el mecanismo. Espero al menos que se entienda su funcionamiento general y porqué sí que tenemos la capacidad de escoger, pero no escogemos nunca conscientemente a nivel de personalidad, a no ser que el alma y YS nos involucren en el proceso de decisión.

Es por esta razón que la mayoría de cosas nos suceden, sin que hayamos tenido voz ni voto conscientemente, y a veces son una sorpresa, y a veces son cosas que no controlamos o a veces son cosas que no quisiéramos, pero, como en general hay unos mecanismos automáticos de creación de la realidad que no preguntan si eso lo queremos o no, sino que ejecutan tal cual vamos proyectando nuestra realidad holográfica, el resultado es que nos encontramos que vivimos y experimentamos aquello que emitimos, que es la suma de todo lo que somos, y a lo que nos conectamos únicamente por el contenido energético y el «peso» de cada micro instante que tenemos por delante, que leemos a través de los programas de nuestra psique sobre «dónde mover mi consciencia a continuación» para seguir conformando la realidad que forma el mundo en el que existo.

Si ahora esto lo extrapolamos a nivel de la humanidad, como veremos en el siguiente artículo, podremos entender mejor la forma en la que se “controla” el destino de nuestra sociedad, y la razón por la que no tenemos, aparentemente y a priori, control sobre ello.

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