La estructura de la “onda” que emites y proyecta tu realidad

La última parte del tema de proyección de nuestra realidad que nos falta por tratar para cerrar los puntos que hemos explicado en las últimas semanas es también otro apartado complejo.

¿Cómo se mezcla y estructura el contenido de las ondas “holográficas” que mi mente proyecta a través de mi glándula pineal? ¿Qué porcentaje de cada fuente de contenido se incluye en esa onda y qué parte tiene más peso?

Como podéis intuir, el diseño por parte de asimoss de los mecanismos de proyección de la realidad también nos dotó de un sistema muy detallado para definir la forma, contenido y estructura que ha de tener la proyección de la misma, para que, por un lado, todos los seres humanos proyectáramos de manera similar la realidad común, y el porcentaje del contenido que forma esa realidad estuviera acorde a lo que toda especie consciente necesita para crear el entorno “holográfico” (pero real y tangible a todos los efectos para nuestros sentidos) requerido para su evolución, experiencias y crecimiento.

La cuestión más compleja de entender en todas estas explicaciones que os intento transmitir es la asociación que podríamos tener del concepto “realidad holográfica”, que aparenta querer imbuir la idea de que es algo “no tangible” o simplemente “ilusorio”, asociado a la imaginación y fantasía.

Quizás asumir que la realidad es una proyección holográfica nos suena extraño cuando todo a nuestro alrededor es tan físico, material, sólido y tangible, pero solo es debido a que, literalmente, nuestro holograma es sólido a nuestra percepción en este estrato de nuestra existencia, y debido a que, cada parte de nuestra estructura física y energética, está creada para percibir de una determinada forma las energías, a diferente nivel de densidad, que forman los entramados de esa realidad.

Por esta misma razón, pueden existir personas “físicas” en nuestra realidad que solo sean proyecciones holográficas sólidas, que se pueden cruzar contigo por la calle y darte un empujón si chocas con ellas en una acera concurrida, pero que no tienen ninguna historia detrás, pues no existen como seres humanos, pero si como personas físicas/sólidas/tangibles. Suene o no a ciencia-ficción, la tecnología de REC y SC va más allá de lo que pensamos que puede existir y/o podríamos a llegar a creernos.

Luego, como existen múltiples topes y parámetros mentales, etéricos y físicos que se aseguran de dotar a la realidad de una apariencia inmutable y estamos más o menos programados para creer que no es posible que las cosas nazcan “de la mente” por las buenas, es realmente complicado que una gran parte de los programas de las esferas mentales que dirimen lo que significa que algo sea real o no lo sea, acepten, hasta cierto punto, que el mundo en el que vivimos sea una simple proyección de “ondas”, y que este se pueda cambiar “tal cual” si se cambia el contenido de esas ondas.

Composición típica de las ondas de proyección de la realidad

Por lo tanto, aquello que emito continuamente desde mis estructuras mentales está dividido de forma que:

1/3 del contenido corresponde al material almacenado en las bases de datos del “paradigma” de los diferentes niveles de programación de las esferas mentales.

Este contenido es la base para proyectar el mundo común para todos los seres humanos: las farolas de la calle igual para todos y en el mismo sitio, los edificios de nuestras ciudades o los elementos que forman la estructura del espacio que compartimos entre todos.

Su proyección es individual, pero idéntica o casi idéntica para todos los habitantes de cada zona donde ese elemento existe, de forma que, entre todos, sostenemos el mundo en el que vivimos a nivel mental, etérico y físico.

Además, como nuestra realidad se sustenta en la realidad de REC y del planeta, las estructuras comunes que forman el mundo en el que vivimos y que nos dan la ilusión de un lugar sólido y material para nuestras experiencias y vivencias, también son sostenidas por la propia consciencia planetaria y sus fuerzas y jerarquías de asistencia. De esta forma, si por alguna razón todos los seres humanos que habitaran un lugar lo abandonaran durante mucho tiempo, ese lugar sigue existiendo porque, una vez creado, el propio planeta lo añade como parte de su proyección “base” de la realidad de las “cosas que existen en la Tierra”.

Otro tercio del contenido proviene de la información almacenada en la Rb (realidad base) y en los inconscientes colectivos a los que estamos conectados, de manera que, de nuevo, según lo que esté codificado en la psique y estructura mental de la zona donde vivimos, un tercio de la onda que continuamente emitimos para generar la realidad contiene datos e instrucciones para generar el tipo de realidad que la Rb y los ICs contengan en ese momento.

Esto facilita la manifestación de elementos localizados en un lugar, o incluso globales, con mucha facilidad, pues todos recabamos, como ya hemos explicado, la información de la Rb y de los ICs y la imbuimos automáticamente en la proyección inconsciente y subconsciente que hacemos continuamente.

Por lo tanto, como ya podéis ver, 2/3 de todo lo que el ser humano emite está destinado a materializar el mundo común y global para todos nosotros, con lo que ya vemos que es relativamente sencillo creer que ese mundo existe, “ahí fuera”, independientemente de lo que uno haga o deje de hacer, independientemente de las decisiones que tome o de las creencias que tenga. Como todos los seres humanos dedican dos tercios del espacio que tienen sus ondas de proyección mentales para generar la realidad que nos une a todos, si uno de nosotros deja de hacerlo, no se nota en absoluto, y la suma o resta de una proyección más o menos no altera el equilibrio general y estado de la realidad global en la que vivimos.

Es necesario, por lo tanto, que una gran parte de la humanidad deje de proyectar la información de la Rb, deje de proyectar la información de los ICs, deje de imbuir el contenido de medios de comunicación, y de muchas de las otras fuentes que ya vimos, para que se produzca un cambio sustancial en el “holograma” macro que percibimos como el mundo en el que existimos.

El contenido de nuestra realidad personal

Finalmente, el otro tercio de “espacio energético” que queda en nuestra proyección mental es compartido por la información contenida en nuestra programación individual, nuestros sistemas de creencias, y, sobre todo, lo que captamos del exterior, del entorno, de otras personas, de los lugares donde estamos en cada momento, etc.

Luego, de vez en cuando, se añade en este mismo contenido energías que vienen de “cosas” que están pasando en vidas paralelas y/o simultáneas, y que tienen la suficiente potencia para “colarse” de esa realidad a la nuestra, a través de la conexión mental que existen entre todos los avatares que usamos en todas las épocas históricas y realidades en las que tenemos una encarnación activa.

Así, si nos estamos peleando con alguien en otro momento del espacio-tiempo y, en esta encarnación, tenemos también una relación con esa persona, puede manifestarse algún episodio de enfado, que, sin venir a cuento especialmente por nada concreto, se detona entre dos personas “aquí y ahora”, por un contenido que se ha colado en nuestra “onda” y/o en la de la persona con la que estamos, y la hemos materializado. Sin embargo, ese contenido ha sido generado en otro “ahora” (cualquier momento de lo que percibimos como pasado o futuro, donde esas dos personas también tienen una relación activa, sea otras vidas o sean otras realidades paralelas).

Además, las energías que nos impactan desde cuerpos y sistemas planetarios, desde el sol, desde otros campos energéticos del sistema solar, incluso de las corrientes y flujos que recorren toda nuestra galaxia, amplifican parte de esos contenidos de información de nuestra onda, y, entonces, “algo” que estamos emitiendo gana potencia, y, por la influencia de esa energía planetaria externa, nos pasa esto o lo otro con mayor intensidad, porque “eso” (que ya formaba parte de lo que estamos emitiendo en nuestra realidad) ha recibido un “subidón” de potencia por haber resonado con algún campo o flujo astrológico que se ha cruzado con nuestro sistema energético.

Por el mismo mecanismo, si llega una onda planetaria, solar o “cósmica” de donde sea, y no hay nada en nosotros que resuene con ella, no se ve afectado ningún parámetro de nuestra proyección y, por lo tanto, esa influencia “planetaria” tiene nulo efecto en nosotros y en nuestra realidad, aunque puede poner patas arriba el estado físico, anímico o mental de la persona de al lado y tener una influencia directa en las cosas que le suceden.

Siempre hay que mirar hacia dentro

Cerramos de momento ya este tema, para dejar reposar tanta información y esperar a que este nuevo contenido vaya asentándose e integrándose en nosotros, permitiendo que aquello que hayamos comprendido nos permita incrementar el nivel de consciencia y control sobre una parte de todo el mecanismo a través del cual materializamos el mundo en el que existimos y lo que nos pasa en el mismo.

Solo deciros de nuevo, tu mundo “externo” no existe, solo es una proyección de tu mundo interno. Nada “ahí fuera” pasa si no lo emites desde “aquí dentro”. Si solo eso se interioriza en nosotros, y, para cada suceso intentamos entender qué hemos podido emitir que lo haya generado, habremos potenciado sustancialmente nuestros mecanismos de comprensión de las situaciones que vivimos y, aunque sea poco a poco, aprender a no emitir lo que no queremos manifestar, o potenciar aquello que necesitamos que aparezca en nuestra vida con mayor facilidad.

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