Arquetipos (I) – Las razones por las que existimos, somos y estamos vivos

La vida es el proceso por el cual la existencia cobra razón de ser, y a través de ella se permite a la experiencia incrementar la consciencia que facilita la evolución. No es un juego de palabras, sino una forma de indicar cómo se conectan entre sí las energías de la Creación.

Hace un par de días colgaba en el Twitter de la EMEDT esta frase anterior, explicando que no estaba haciendo un juego de palabras, sino que, realmente, existe una interconexión real y concreta entre los diferentes aspectos y conceptos que contiene. La razón de ello es que, como ya intuís, todo está siempre conectado con todo, pero siempre de una forma muy concreta y determinada que facilita que los procesos y octavas que rigen «la Creación» mantengan el orden y el equilibrio en todo momento, y, cada cosa, haga la función para la que fue creada.

Lo que es importante para nosotros, en este aspecto, es aprender que estas energías y conceptos de existencia, de ser, de vivir, de evolución, de experimentar, etc., están regulados en nuestra psique por una serie de programas y arquetipos interconectados de una manera muy concreta que ahora vamos a analizar desde un punto de vista lo bastante general para que se entienda, pero con el suficiente detalle como para que podamos aprender más profundamente cómo funciona la mente.

Usando un modelo “estándar”

La configuración de las esferas mentales y de la esfera de conciencia que todos los seres humanos poseemos nos fue «otorgada», principalmente, por asimoss y amoss, por lo tanto, es correcto que el diseño mental y psíquico de nuestra especie fue establecido sui generis en los primeros momentos de transformación del troodón en lhulu y luego en lhumanu. Sin embargo, ni amoss ni asimoss ni ninguna otra raza parte «de cero» cuando crean a otros seres y especies (asimoss han creado decenas de ellas por toda la Vía Láctea), sino que se usan unos moldes arquetipos «estándar», hasta cierto punto, que facilita que todos los seres vivos y conscientes compartan y puedan conectarse a las energías y «diseños» de vida decididos, en este caso, por Eur, el nombre en Irdin que recibe nuestro logos galáctico.

Por lo tanto, todo ser vivo en Eur posee una conexión mental a través de varios arquetipos y programas con la energía de la «existencia«, que ahora trataré de explicar mejor. Todo ser vivo debe poseer una conexión con la energía de «ser«, de «vivir«, de «experimentar«, de “evolucionar”, etc. Y es que estas palabras que para nosotros denotan ideas y conceptos, son flujos de energía conscientes que otorgan a todos los seres, grupos y razas de todos lados, la posibilidad de «existir«, la posibilidad de «ser«, la posibilidad de «vivir«, etc.

Sin los flujos y corrientes energéticas de «existencia«, nada existe, sin los flujos de corriente de «vida«, nada está vivo, sin los flujos y el campo energético de evolución, nada puede evolucionar.

Veamos pues estos primeros apuntes sobre arquetipos mentales y el diagrama de conexiones que poseemos respecto a ellos, así como su configuración en el inconsciente colectivo de la humanidad, donde también están presentes y desde donde «fluyen» hacia nuestros sistemas energéticos las corrientes de cada uno de esos conceptos.

Arquetipo y «flujo de existencia»

Hace ya algún tiempo, cuando hicimos nuestra introducción a la numerología actualizada, os fui explicando que cada número es un ser autoconsciente que representa el valor de ese número y que tiene una serie de funciones determinadas dentro de la estructura del universo, de cualquier universo. Podéis revisar toda la serie sobre numerología en este enlace.

Así, cuando hablábamos del número cero, explicamos que es el campo «sustrato» de energía que se genera en la propia «Fuente» para poder facilitar la creación de todo lo que existe. El cero, en terminología «metafísica», es el campo consciente de la región de lo «no-manifestado» en la Creación, lo que aún existe, pero no «es», y esto vamos a intentar explicarlo mejor.

Imaginemos que la Fuente fuera un generador de ondas, un mecanismo cósmico que genera de sí misma una energía que en su momento llamamos «plasma de existencia«. En realidad, es tal cual lo describimos, pues el concepto de la «Fuente», y para el cual no tengo otro nombre, no tiene nada que ver con el concepto de «dios» de ninguna religión, sino que, literalmente, la «Fuente» es un mecanismo atemporal y adimensional, a través del cual se vierten a todos los universos cantidades infinitas de mónadas, que son las partículas más pequeñas a partir de lo que se construye todo lo que existe.

Para que en su momento se entendiera cuando hablábamos del «cero», decíamos que es como si el flujo de plasma de existencia autogenerado por la Fuente pasara por una troqueladora y esta troceara ese flujo en infinitas partículas, cada una con sus tres polos: positivo, negativo y neutro, y cada una con tres cualidades: consciencia, energía y materia.

Bien, pues el «plasma de existencia» es autoconsciente de sí mismo, y, por lo tanto, lo vamos a llamar «el ser de la Existencia«. Su flujo hace de sustrato para todo lo demás, es la base para el campo numérico del cero, e imbuye y permea cualquier cosa que exista. En el ser humano, para que ese plasma de existencia pueda hacer su función, se conecta y fluye a través del cuerpo mental y es regulado por el arquetipo «existir» que está presente en todas las esferas mentales, así como en la esfera de consciencia. Por lo tanto, somos conscientes de que existimos porque nos «atraviesa» el flujo de existencia y este es regulado por los mecanismos mencionados.

Existir es diferente a ser

El plasma de existencia que emana la «Fuente» genera todas las mónadas sin «identidad», todas son iguales. Las mónadas recién salidas de la «Fuente» se acumulan en una región de la estructura de esta conocida por nuestros antepasados gnósticos y metafísicos como la región de lo «no manifestado», como veis en el diagrama anterior, la zona donde está la materia prima para «formar» la Creación, pero aún sin asignar a nada en particular las mónadas que existen dentro de la misma.

Entonces, para que una de esas partículas que ya «existe» con todas sus propiedades latentes (pero en «standby«) pueda ser usada para crear un ser vivo, un planeta o hacer de sustrato en un plano cualquiera, necesita que se active en ella la cualidad de «ser». «Ser» es el proceso por el cual lo que existe se dota de identidad.

Así que, en esa mónada, en cualquiera de ellas, como en cualquier ser humano o en cualquier otro ser vivo creados a partir de la unión de estas, si no se activarán los procesos de «ser», solo «existiríamos» y lo haríamos sin identidad alguna. Las mónadas existen porque son creadas por la Fuente, pero solo «son» mónadas individualizadas cuando la propia Fuente activa su cualidad de «ser» en ellas.

Cuando las partículas ya «son» mónadas autoconscientes, entonces los logos cósmicos y todos los seres que son ellos mismos los universos y galaxias y demás sistemas, pueden usarlas para construir y crear «todo» en sus dominios.

En nuestra configuración psíquica y mental, poseemos arquetipos y miles de programas de «ser» que nos facilitan la identidad que tenemos personalmente cada uno. Los arquetipos de «ser» (yo soy) facilitan la creación más tarde de la personalidad y de la identidad individual, permiten que diferentes combinaciones de otros muchos arquetipos y energías se mezclen y nos den una configuración única para nosotros, que es lo que «somos», partiendo de que ya todos «existíamos».

Así, tanto en la mente como en el inconsciente colectivo, el arquetipo «existir» está conectado al arquetipo «ser» de forma unidireccional (el flujo de existencia alimenta a los procesos de «ser»).

Dotando de movimiento la existencia y lo que soy

Bien, ahora que ya soy consciente de que existo y que soy consciente de quién soy por la acción de estas dos corrientes energéticas «cósmicas» reguladas por mis procesos mentales, es necesario dotar de movimiento y «acción» a la energía de «ser». Este movimiento lo otorga el «ser de la VIDA» del que ya hablamos en otra ocasión, pues existir y ser no permiten «hacer nada» por si solos, son fuerzas, digamos, estáticas, de sustrato, por lo tanto, para que podamos disfrutar de nuestra existencia siendo lo que somos, necesitamos el empuje del ser de la Vida para poner en movimiento los flujos anteriores.

¿Por qué es necesario «activar» con la energía de la Vida a la energía de Ser y de Existir?

La vida es un flujo consecuencia de la estructura que tiene la Creación, con una «Fuente» estática que genera existencia y le da razón de ser, pero que sólo «vive» si puede poner en movimiento esa existencia. Para que las cosas se muevan, los universos rotan, de manera que los diferentes logos cósmicos «dan vueltas» alrededor del mecanismo central que es la «Fuente» en sentido antihorario. Ese movimiento arrastra consigo todas las mónadas que forman parte de ese cosmos, y el movimiento crea un flujo de energía cinética consciente que, en ese nivel, da lugar al ser de la Vida.

La vida, es pues, la existencia y la consciencia de «ser» puesta en movimiento, activada, en constante flujo. La vida nunca se detiene, porque el movimiento de los logos cósmicos alrededor de la Fuente no lo hace tampoco, de manera que, si estás vivo, estás en movimiento y cambio continuo, si estás vivo avanzas, si estás vivo te transformas, si estás vivo experimentas, si estás vivo fluyes.

En el ser humano, y en el inconsciente colectivo de nuestro planeta, los arquetipos de «vida» regulan los flujos de energía producida por la traslación del universo en torno a la «Fuente», que dan lugar al flujo y al ser de la Vida. En siguientes artículos entraré más en detalle en el arquetipo de la Vida pues es muy importante, pero hoy haremos solo el diagrama global de los bloques principales de nuestra psique y estructura mental.

Si soy, y vivo, “sobrevivo”

Otro pequeño juego de palabras para explicar otro arquetipo: el de la supervivencia. ¿Para que sirve el arquetipo de supervivencia si ya por derecho de existencia, soy y estoy vivo?

Sirve para regular mi estado de ser y el flujo de vivir, para que siempre tenga el deseo de vivir y nunca deje de “ser”. Más lio de palabras, pero creo que le veréis el sentido. El arquetipo de supervivencia se creó como “tope” para que el flujo desde la energía de “ser” a la energía de “vivir” fuera unidireccional, es decir, siempre fuera desde el primero hasta el segundo y nunca al revés. El arquetipo de supervivencia hace que siempre busquemos la forma de vivir, que queramos estar vivos, que nos abracemos a la vida, ya que, sin la vida, no tiene sentido “ser” nada ni existir de ninguna forma, ya que son cualidades estáticas que no poseen movimiento por si solas. Por lo tanto, el arquetipo sobrevivir actúa como motor para que la corriente de Vida siempre siga adelante. Luego, otros muchos programas de niveles inferiores lo usan para formar procesos de la personalidad que están relacionados también con la vida y la muerte, y mecanismos interconectados a nuestros sistemas de creencias, pero, en su base, la función de sobrevivir es simplemente un mecanismo de control del flujo entre “ser” y “vivir”.

Si estamos vivos, podemos “hacer” cosas

Ahora que existimos, que somos y que estamos vivos, el siguiente flujo de energía que las tres fuerzas anteriores generan es lo que llamamos «hacer«. Gracias a que existo, sé lo que soy y vivo, puedo hacer cosas. ¿Para qué quiero hacer cosas? Para que el flujo de la vida tenga oportunidad de manifestarse en diferentes elementos que sigan construyendo y formando parte del universo y de la Creación.

Así que puedo «hacer» gracias a que estoy vivo, soy y existo. Y sigo haciendo, aunque mi avatar haya fallecido, pues, aunque asumimos que al morir el cuerpo ya no estamos vivos, nuestra alma sí que lo está, y nuestro espíritu, y nuestro YS, por lo tanto, siempre estamos vivos en algún nivel, siempre “somos” en algún nivel y siempre existimos en algún nivel, por lo tanto, siempre estamos «haciendo» algo en algún nivel.

Ahora es donde la cosa ya se complica más. Gracias a «hacer» y “vivir” puedo experimentar. Así que los millones de cosas que «hago» a lo largo de mi existencia gracias a que estoy vivo me proporcionan experiencias. «Experimentar» es otra cualidad que la Fuente imbuye en todo lo que existe, es, está vivo y puede «hacer» para que disfruten y aprovechen las infinitas oportunidades de los logos ponen a disposición de todo lo que en ellos está contenido.

El flujo de energía que se produce al hacer algo es la base para que podamos experimentar ese algo a través de los sistemas físicos, energéticos, emocionales y mentales que poseemos. Todos los seres vivos tienen siempre, por defecto, infinitas posibilidades para experimentar todo lo que existe en la Creación, de ahí que, cuando hemos explicado cómo funciona la realidad, siempre os digo que todas las versiones de todos los hechos, eventos y situaciones de cualquier cosa en cualquier rincón del universo, se manifiesta de forma simultánea, y que todo existe a la vez, en un infinito entramado de posibilidades que permite que cualquier variación de cualquier «cosa» tenga cabida para que pueda ser experimentada.

Luego, es cierto que estamos acotados a una serie más o menos limitada de experiencias según el plan evolutivo de cada uno y la codificación de su trama sagrada, pero, aun así, el abanico de posibilidades es tan amplio, que no se nos acaban nunca, al menos desde la perspectiva humana.

Si hago gracias a la vida, evoluciono

Finalmente, y ya para concluir con esta introducción, la experiencia a través de lo que hago, por el hecho de estar vivo, de ser y de existir me proporciona evolución.

La evolución de “algo” se mide por el nivel de consciencia que ese “algo” posee, y este depende del tamaño y expansión de su esfera de consciencia en su cuerpo mental. ¿Cómo sabemos si un ente, un guía espiritual, un asimoss o un árbol están más o menos evolucionados? Observando, si pudiéramos, el nivel y el tamaño que tiene su esfera de consciencia, que se percibe como un toroide en constante movimiento energético a más o menos un metro de la cabeza para los seres humanos.

Así, a través de otros muchos arquetipos y programas que están conectados por ahí enmedio, las experiencias nos permiten evolucionar, incrementar el grado de consciencia que tenemos sobre las cosas, y es el grado evolutivo de alguien o algo lo que abre las puertas para que el flujo de la vida se ensanche hacia nuevas oportunidades de hacer nuevas cosas para experimentar otras diferentes y, con ello, seguir creciendo y avanzando.

Finalmente, todo lo anterior combinado me proporciona mi jerarquía. ¿Qué es la jerarquía? Es el orden natural que tienen la cosas. ¿Qué marca que un ser tenga un nivel jerárquico mayor que otro? Su nivel evolutivo, y como este depende de su nivel de consciencia, y estos dos dependen de sus experiencias vividas y lo que han hecho, por la simple razón de ser y existir, ya vamos cuadrando todos los flujos e interconexiones de unas cosas con otras.

Así, cuanto más vivo y experimento, y más consciencia tomo de lo aprendido en esas experiencias, más crece y se expande mi consciencia, a mayor nivel de consciencia mayor evolución y a mayor evolución mayor nivel de jerarquía en el orden de todos los seres que existen en la Creación. Todo junto e interconectado entre sí, nos proporciona el siguiente esquema «estandar» para todos los seres vivos, al menos en sus bloques principales:

Cómo veis, todo muy abstracto y posiblemente complejo, pero es una estructura bastante estándar que se repite en todos los seres de todo el universo con algún mayor o menor grado de ajuste. Es la estructura de flujos y corrientes que regulan los inconscientes colectivos de nuestra especie, igual que la de muchas otras, y es la estructura mental de nuestra psique, con algún que otro cambio según la programación que cada uno tenga y de la que seguiremos hablando, pues luego, desde los arquetipos de Vida o de Hacer, por ejemplo, pueden conectarse otros muchos, y si el arquetipo «trabajo» está directamente conectado a «vida«, entonces literalmente vivo para trabajar, o si el arquetipo y energías de apatía están conectadas al arquetipo «hacer«, entonces nunca tengo ganas de hacer nada, etc.

De este segundo nivel de conexiones nos ocuparemos más adelante, una vez consigamos integrar y comprender esta primera estructura de los grandes bloques que nos permiten existir, ser, vivir, hacer, experimentar y evolucionar.

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