“Las voces de mi cabeza”: Entendiendo a los “yoes”, programas y arquetipos autoconscientes y la jerarquía de activación de procesos mentales

Es difícil imaginar que, en un ordenador, el Word, el bloc de notas o el Paint pudieran tomar decisiones por ellos mismos a la hora de ejecutarse o pasarse información entre sí. Al fin y al cabo, es un sistema operativo programado para activarse cuando un elemento externo, pongamos un ser humano, ejecuta las operaciones necesarias para abrir ese programa, darle a los comandos o botones adecuados, y efectuar las operaciones que quiera hacer, siendo el “operador” humano, el único que mantiene consciencia y sabe la razón de lo que está haciendo y por qué lo hace.

En la mente, que siempre asimilamos a un enorme y complejo sistema operativo, las cosas funcionan igual, con el “operador” que es el programa ego realizando de forma consciente (pues este programa es autoconsciente y se reconoce como ente inteligente y autosuficiente dentro del conjunto de la psique de cada avatar) todas las tareas necesarias para que las esferas mentales y los mecanismos que rigen los procesos cognitivos del ser humano puedan tener lugar. Sin la gestión del programa ego, no podriamos pensar, ni regular el funcionamiento del cuerpo humano, ni almacenar datos y recuerdos, ni gestionar la memoria para recuperarlos luego, ni proyectar la realidad o darle sentido a la misma en el proceso de análisis, etc.

Pero el programa ego no es tampoco los diferentes “yoes” o personajes que forman nuestra personalidad, ya que estos son también programas autoconscientes que están supeditados al programa ego. Sin embargo, nuestros “yoes” son versiones de todos los aspectos que forman aquello que somos a nivel de personalidad, y tienen todos los componentes necesarios a nivel de inteligencia y consciencia para verse como “entes conscientes” por derecho propio dentro de la psique. Es decir, mi “yo alegre”, cuando está en control de la personalidad porque el programa ego lo ha activado, se comporta, se siente y se percibe a sí mismo como un ser en toda regla, consciente de sí mismo, con su capacidad analítica, con el control de todos los programas de las esferas mentales, de los patrones de conducta y emocionales que rigen la parte “alegre” de mi mismo, con acceso a todos mis bancos de memoria, con control de las funciones motoras y fisiológicas que hacen que me sienta “alegre” físicamente, etc. Así, como tenemos miles de “yoes” en la superficie de la esfera de consciencia, con sus bancos de datos y formas energéticas en el cuerpo mental y emocional, y con cientos de programas y arquetipos en las esferas mentales a su servicio, tenemos también, pues, miles de “voces” en la psique que se reconocen todas ellas como “yo”, especialmente cuando están activadas, que hablan entre sí y con el programa ego, siendo estas “conversaciones” parte del ruido y parloteo mental que ocurre continuamente en nuestra cabeza.

El “yo observador”, el “yo” que yo soy

Para que yo me pueda dar cuenta de ello, por supuesto, existe una parte de mi que, en los cursos de Desprogramación Mental llamamos el Yo Observador, que soy “yo”, el que ahora se identifica como David, por ejemplo, y que puedo ser consciente de mí mismo y ser consciente del resto de mis “yoes”. Este “yo observador” es el único o casi único “yo” que se reconoce como aquel que hace de enlace entre el YS, el alma y el resto de la personalidad, de ahí el nombre de “observador”, pues puede “observar”, cuando está activo y fortalecido, todo lo que sucede en la psique, y, por eso, somos conscientes de nuestros pensamientos, somos conscientes de nuestros ruidos y delirios mentales, somos conscientes de cómo saltamos de una idea a otra continuamente, etc. Cuando el “yo observador” no está pendiente, porque estamos concentrados en cualquier otra tarea y nuestra consciencia se enfoca en alguna otra cosa con el “yo” correspondiente a esa tarea al mando, el parloteo entre “yoes”, el ego y demás componentes no cesa, pero, como el “observador” no está activo (porque estás pendiente de otras actividades y no estás auto observándote) entonces, por un tiempo, no te das cuenta de toda esa actividad interna que sigue en marcha en la esfera de consciencia.

Otros componentes autoconscientes

Sin embargo, hay muchas más partes de nosotros que son autoconscientes de ellas mismas y que están también bajo el mando del programa ego, y que son usadas por los “yoes” de la personalidad: los arquetipos y programas de mayor nivel jerárquico que se reconocen como “automatismos conscientes” con capacidad de decisión en el ámbito en el que actúan y están programados para actuar. Es decir, todos nacemos y recibimos a través de los ICs a los que estamos conectados miles de programas y arquetipos que se van activando según es necesario para poder lidiar con los “datos” que, los sentidos físicos y extra físicos perciben del exterior, para crear la realidad en la que vivimos y luego decodificarla y darle sentido, para interactuar con otras burbujas de realidad y las personas que están generándolas, etc. Por lo tanto, en el momento de diseñar la psique humana, tras decenas de cambios y mejoras, en el homo sapiens, finalmente, se dejó una jerarquía de sistemas autoconscientes que pudieran tomar ciertas decisiones por sí mismos y comunicarse con los demás “sistemas mentales” para facilitar todo el proceso de “existir” como humano.

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Por este motivo, nuestros comportamientos, decisiones y actitudes no solo están regidas por los personajes que forman nuestro carácter, las emociones que estos rigen y desarrollan en el cuerpo emocional o el tipo de energía que tenemos a nivel etérico y físico, sino que, además, estamos determinados por la suma de las decisiones de todos los componentes autoconscientes que tienen un margen de libertad para activarse y ejecutarse, sin que el programa ego lo ordene, pues, precisamente, se hizo así para darle un poco más de libertad y disminuir su carga de gestión, “delegando” cosas “simples”, primero en los “yoes” de la personalidad, y, luego, en los programas y arquetipos de la mente.

Es algo así como si dejáramos que el Word se activase y escribiera unas frases de vez en cuando por si solo cuando el conjunto del sistema considerase necesario guardar unos ciertos datos que han entrado por el micrófono captados del exterior, sin que el “operador humano” haga doble clic en el icono del Word y empiece a teclearlos. Luego, el Word tendría cierta capacidad comunicativa para decirle al programa de Explorador de Archivos que ha creado un fichero por su cuenta, y este programa Archivador tendría la suficiente autoconsciencia para poder registrarlo en el listado de ficheros. El Windows, como conjunto del sistema operativo, es consciente de ello, pero deja que los programas por sí solos actúen dentro de estos márgenes para facilitarle la tarea de sostener todo el conjunto funcionando. De la misma manera, el programa ego es consciente y monitoriza la activación automática por ellos mismos de muchas funciones “rutinarias” de los procesos mentales, que tienen cierto margen para “hacer cosas” en la mente, sin que se les dé ninguna instrucción externa concreta para ello.

En cierta manera, esto parece un sistema bastante optimizado y que suele funcionar bastante bien, pero, en general, provoca mucho gasto energético y muchas funciones ejecutándose por sí solas, ya que tienen autoconsciencia y tienen programados un margen de actuación para ello, pero también provoca un caos continuo (medio regulado por el programa ego) y mucho ruido mental, que no siempre está acorde al bien mayor de los niveles superiores de nuestra estructura.

Es decir, si por cualquier razón necesitas hacer alguna tarea, por tus obligaciones, por tus compromisos, por tu trabajo, por lo que sea, pero alguno de tus programas o arquetipos de mayor rango jerárquico relacionado con cualquier otro tema en ese momento está activado por algún otro detonante, y estos programas están poniendo a un “yo” al mando que no es el adecuado para esa tarea, en esos momentos no estás ni de lejos en el estado mental, emocional, etérico y físico adecuado para hacer esa tarea que el mundo exterior requiere de ti (y que otras partes de ti quieren y necesitan llevar a cabo). Como la jerarquía de activación de comportamientos está controlada por un mecanismo de doble sentido, que ahora explicaremos, a veces mandan los programas y arquetipos, o a veces manda el programa ego y los niveles superiores. Veamos que significa esto.

Una jerarquía de activación “de arriba-abajo”

En una estructura jerárquica “normal”, las instrucciones de gestión de nuestra mente, realidad y experiencias terrenales seguiría este orden:

Yo Superior – tiene la visión global de toda la experiencia terrenal, conoce la trama sagrada, sabe cual es el “bien mayor” en todo momento, “percibe” hacia adelante y atrás en el tiempo, toma siempre las decisiones más alineadas con el plan evolutivo de cada uno y ofrece siempre el “consejo” más adecuado dentro del computo global de experiencias, lecciones, aprendizajes y vivencias que tenemos por delante. Si siempre se “ejecutaran” sus instrucciones y consejos, la experiencia terrenal se iría siempre manifestando acorde a la visión más elevada de cada uno de nosotros en todos los aspectos de nuestra vida –>

Alma- Recibe las instrucciones, consejos y “visión” del YS acorde a todo lo anterior, y podría gestionar el avatar, los cuerpos sutiles, los comportamientos y la realidad individual de cada uno según esa visión de largo plazo, de alto nivel de consciencia y de qué es lo mejor para el ser humano en cada momento –>

Programa ego de gestión de la psique – Recibe las instrucciones del alma para conocer y comprender que mecanismos mentales, emocionales, etéricos y físicos debe ejecutar en cada momento, que “yoes” son los más adecuados para lidiar con cada situación según la visión del alma y cómo decodificar la realidad para comprender la razón y el porqué de las situaciones vividas a través de la experiencia física –>

“Yoes” de la personalidad – Reciben instrucciones directas del programa ego para saber cómo y por qué deben ponerse al mando de la personalidad y del avatar en cada momento, y cuando deben cederlo a otro “yo” por cualquier otro motivo o necesidad –>

Arquetipos autoconscientes – Solo se ejecutarían cuando el “yo” de la personalidad que los requiere les solicitara que intervinieran, haciendo alguna tarea dentro de la psique como archivar datos, o filtrar información, o decodificar una experiencia. –>

Programas autoconscientes – Solo podrían ejecutarse cuando el arquetipo correspondiente lo solicitara, para conectar una red neuronal física con unos datos en el cuerpo mental, para recuperar una memoria y pasársela al “yo” que necesita acordarse de algo, para que el cuerpo ejecute alguna función determinada, etc.

Si esta jerarquía se cumpliera siempre en este orden, “up-down”, de arriba abajo, no habría comportamientos contradictorios ni caos mental ni actitudes que no tocan cuando no toca, etc. Sin embargo, no solo funciona así, ya que, asimoss, como no, también permitieron que la jerarquía funcionara en modo “bottom-up”, de abajo arriba, principalmente porque querían minimizar el poder del YS y del alma sobre el avatar para que fuera más sencillo controlar a los seres humanos mediante programación mental. Por este motivo, y en la mayoría de las ocasiones, para la mayoría de los seres humanos, nuestro modo de funcionamiento mental sigue el siguiente esquema:

Programas autoconscientes se ejecutan solos y toman decisiones por ellos mismos según los detonantes y percepciones externas que captan por los sentidos: por ejemplo, si vemos a una persona que se parece a alguien cuando vamos caminando, el programa de reconocimiento de otros seres humanos se activa sin que ninguna de las jerarquías superiores lo solicite, y empieza a hacer un análisis por su cuenta en los bancos de datos sobre esa imagen visual que el ojo ha captado de esa persona que pasaba por nuestro lado —>

La activación del programa fuerza al arquetipo que lo rige a activarse, para ver “que está pasando” y por qué ese programa se ha puesto a trabajar. El arquetipo, entonces, fuerza a otros programas que son necesarios para darle sentido al análisis que el programa anterior está realizando y activa programas de recuperación de recuerdos relacionados con el resultado que el programa de análisis de personas ha realizado, concluyendo que, ese transeúnte, se parece a tu amigo Fulanito. Como el arquetipo no ha recibido instrucciones de bloquear la activación del programa que tiene a su cargo, porque está dentro de los parámetros de autogestión que esta situación se pueda dar, no hace nada por desactivarla, sino que, por el contrario, se activa también para asistir en el trabajo de identificación —>

La activación del arquetipo y el rebuscar en los bancos de memoria parámetros sobre Fulanito, activa mental y emocionalmente recuerdos sobre esa persona, y sus correspondientes formas emocional y mentales. Si los recuerdos son alegres, y se activan formas mentales, emocionales y etéricas de alegría, los “yoes” de la personalidad que trabajan con todos esos arquetipos se autoanalizan a ellos mismos y, el que más concuerde con las energías que se están poniendo en marcha en el cuerpo mental, emocional y etérico se pone al mando. Así, el “yo” alegre, sin que el programa ego le haya dado instrucciones, se activa y ejecuta en el cuerpo una serie de órdenes que llevan a que te salga una sonrisa en la boca por manipulación de los músculos faciales, te pongas un poco más erguido para que fluya mas energía y te sientas bien y contento liberando a través del sistema límbico los químicos necesarios para que sientas alegría “físicamente”, ya que, al pensar en Fulanito, todos los mecanismos anteriores te han llevado a sentirte alegre por las experiencias vividas con él anteriormente  —>

El programa ego, que ha visto y hecho un seguimiento de todo lo anterior, pero sin dar ninguna instrucción para contrarrestarlo, ve que el “yo” alegre ha tomado el control de la personalidad en su conjunto, y como es lo que le “toca”, avisa al alma de cual es el “yo” que, en ese momento, está al mando. Los átomos simiente comunican a todos los cuerpos sutiles que el “yo” alegre es el que tiene el control de la estructura global del avatar y, el programa ego, entonces, toma control del “yo alegre” para gestionar todo el resto de la experiencia. El alma activa las facetas de alegría en ella misma, pues contiene todos los posibles comportamientos humanos hasta cierto grado, y, de esta forma, estamos alegres desde la última célula física hasta la primera partícula álmica —>

El YS, en todo este proceso, no ha intervenido en absoluto y tampoco ha enviado ningún tipo de instrucción para parar o cambiar ninguno de los parámetros del proceso, que ha durado, desde que nos hemos cruzado con esa persona hasta que nos sentimos alegres interiormente por ello, no más de unos pocos segundos.

Ahora, y por supuesto, seguimos andando, pues todo este proceso no ha hecho necesario que dejáramos de seguir paseando por la calle, y, como es normal, enseguida cualquier otra cosa nos detona cualquier otro programa que ejecuta los mismos pasos, pero, en este caso, en otro aspecto. Por ejemplo, percibimos que la tienda a la que vamos a comprar está cerrada por vacaciones. Mismo proceso que antes, pero ahora terminamos con el “yo” decepcionado o el “yo” frustrado en control. En pocos segundos, hemos pasado de estar ligeramente alegres a estar ligeramente decepcionados, desde el cuerpo físico al causal y con algo de influencia en el estado energético de alma. Y así, el resto del día, cada día, continuamente, y hasta el final de nuestras vidas.

Muchos recursos energéticos

Esta doble jerarquía de activación requiere un montón de recursos energéticos, gastamos tantísima energía solo en pasar de un “yo” a otro, o de un programa a otro, que nos es necesario comer y nutrirnos mucho más de lo que, en general, nuestro avatar necesitaría para estar bien si solo estuviera activo el proceso jerárquico de “arriba-abajo”, y no ambos.

Por otro lado, si nuestros programas y arquetipos redujeran su margen de actuación y “libertad” y su margen de autoconsciencia, reduciríamos recursos, ruido mental, y, en general, el agotamiento psíquico que todos solemos manifestar al final de cada jornada laboral.

La paz mental y el silencio interior

La paz “mental” que muchos buscamos con la meditación pasa por bloquear la activación de todos estos programas, arquetipos y “yoes” autoconscientes en la esfera de consciencia (que es donde se manifiestan y a través de la cual nos damos cuenta de ello), pero, como ya sabéis todos los que hayáis intentado “parar la mente” para meditar, no es un proceso fácil ni sencillo que haya silencio interiormente. Este silencio se consigue cuando el programa ego y el yo observador, aplicando la energía de la voluntad al conjunto de las esferas mentales, yoes, programas y arquetipos, fuerzan su desactivación temporal, para que no “hablen”, no generen pensamientos, no actúen, no se comuniquen datos entre sí, no se activen por su propia capacidad de hacerlo, etc.

Como la jerarquía “arriba-abajo” sigue vigente, si el yo observador (que es el de mayor jerarquía dentro de los “yoes”, y es quien “yo soy” a nivel de personalidad) y el programa ego se mantienen firmes y no dejan que se activen el resto de los mecanismos mentales, entonces conseguimos ese silencio, y el yo observador puede dirigir su foco de atención y consciencia a través del CCU (el centro de consciencia universal), que se ubica en el noveno chakra en el interior de la esfera de consciencia, hacia la conexión y dialogo con el alma y el YS.

mente

Pero, en el momento en el que, por cualquier detonante externo, aunque sea una simple molestia física por la postura en la que estamos sentados para meditar, se activa cualquiera de los programas y arquetipos y pone en marcha todo el proceso anterior de “abajo-arriba”, entonces entra otro “yo” en control, por ejemplo el “yo” incomodo, y desplaza al “yo” observador, activándose de nuevo los procesos mentales de distracción, ajetreo mental y formas emocionales que vuelven a ponerse en marcha, “perdiendo” la conexión calmada de la mente con el alma o el YS y volviendo al estado “beta” de vigilia y actividad regular.

Como veis, es un proceso que puede tener cosas buenas el hecho de que una parte de nuestros programas sean autoconscientes de ellos mismos y tengan margen y libertad para ejecutar ciertas funciones, pero no es algo diseñado para nuestro bien mayor, sino para facilitar el control de la psique humana por REC y SC desde el inicio de nuestra especie. Si solo la conexión y jerarquía “arriba-abajo”, que era la que estaba presente en el troodon se hubiera mantenido, nuestros procesos mentales y mecanismos cognitivos funcionarían siguiendo una jerarquía de procesos y decisiones mucho más acordes a las necesidades de cada momento.

Cambiar este modo de funcionamiento es algo tremendamente difícil. Pasa, primero, por eliminar unos cuantos miles de programas y arquetipos redundantes, que solo están para “bloquear” y limitar la conexión con los niveles superiores y facilitar el proceso de control de la humanidad a través de ellos. Pasa luego por eliminar unos pocos cientos o miles de yoes más, para que tengamos lo más posible a un único “yo” en control (el observador) y luego pasa por potenciar la gestión del programa ego por el alma y por el YS a través de esta.

De momento, tomemos consciencia de este mecanismo y que esto nos sirva para comprender mejor la psique, nos demos cuenta cuando se activa alguno de estos programas y potenciemos la autobservación de estos. Cuando el Yo observador comprende y se hace consciente de todo lo anterior, porque lo detecta, puede forzar su detención a través de su voluntad, y, a mayor poder de “mi” sobre el resto de mis componentes mentales, puedo aprender a controlar mejor mi psique, mi mente y los procesos que de ella dependen para poder existir como ser humano en nuestra realidad.

David Topí


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