Sistema nervioso, meridianos, límites en el ADN y el potencial energético que tiene el ser humano

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Se dice que una cadena es tan sólida como su eslabón más débil o que un sistema es tan robusto como su componente más frágil. En el ser humano, y si nos centramos en estudiar más a fondo los componentes que rigen el potencial energético que tenemos, la premisa se mantiene, y nos permite comprobar que podemos ser tan “poderosos”, a nivel de capacidad energética, como el caudal máximo que puedan resistir y regular los diferentes elementos que gestionan esta parte de la estructura física y sutil humana.

Grosso modo, y para que tengamos una imagen global, los componentes principales que se encargan de esta gestión energética son los siguientes:

  • Los sistemas nerviosos central y autónomo, tanto en su parte “física” (cuerpo 1.1), como en su parte energética (los cuerpos 1.2 a 1.7), en su parte etérica (2.1 a 2.7) y en su contrapartida en el cuerpo mental
  • El sistema de chakras y reguladores energéticos que transforman el “prana” y lo procesan para el uso del resto de elementos del cuerpo
  • El conjunto de los centros de control (instintivo, sexual, intelectual inferior, emocional inferior, espiritual inferior, motor, emocional superior, intelectual superior, espiritual superior y el CCU-centro de consciencia universal)
  • El sistema de meridianos y canales de distribución de ese prana por todo el organismo y estructuras sutiles
  • Los tantiens o acumuladores energéticos donde se almacena la energía vital para facilitar su distribución y uso por parte de órganos y componentes del cuerpo

Como ya podéis imaginar, el conocimiento de estos sistemas y mecanismos no está del todo completo en ninguna de las ciencias o “medicinas” occidentales y orientales que hemos ido desarrollando desde la antigüedad. Así como la psique occidental fue imbuida con programas y arquetipos para el estudio y desarrollo del cuerpo puramente “físico” (el 1.1), dejando casi de lado todo lo demás, y enfocándose dentro de esta lista anterior en el estudio del sistema nervioso y de la parte “sólida” del avatar, la psique india, por ejemplo, fue llevada a desarrollar el conocimiento de los chakras con mayor o menor distorsión por parte de SC y de las tipologías humanas según la combinación de los elementos presentes en el cuerpo, mientras que la psique china (y sus sistemas médicos) desarrollaron mucho el estudio de los meridianos y sistemas de canales – entre otras cosas- con técnicas como la acupuntura, moxibustión, la relación energética entre órganos o el estudio de los tantiens, también desarrollado a través del taoísmo, mientras que, en el chamanismo, se imbuyó el conocimiento de cómo trabajar con plantas de poder, fuerzas y elementos de la naturaleza para restablecer el equilibrio en todo lo anterior, pero se dejó más bien de lado, como en todas en general, el conocimiento real de los cuerpos sutiles, sus divisiones y mecanismos internos de gestión (la estructura de nueve cuerpos del ser humano, o la estructura de la mente, por ejemplo, no aparece en ninguno de estos sistemas, tradicionales ni modernos).

Tampoco en ninguno de ellos se desarrolló el conocimiento sobre los centros de control, pues es el elemento que “une” y regula todo lo anterior, y no tuvieron intención asimoss de imbuirlo en la psique humana, sino dejarlo solo en manos de SC y sus escuelas iniciáticas y esotéricas, y permitir que permeara, con algo de distorsión, únicamente hacia los grados jerárquicos de estas organizaciones, para crear también una línea de conocimiento individualizada y más o menos separada de todas las otras tradiciones anteriores.

La respuesta se encuentra aunando las piezas

Como en todo sistema, las partes por sí solas no pueden ser comprendidas sin las relaciones con el resto de elementos del conjunto, y, por lo tanto, las enfermedades físicas no se pueden sanar sin limpiar su parte energética, pero los problemas energéticos no se pueden trabajar sin regular los programas de los centros de control que supervisan ese elemento “dañado”, y hay programación distorsionada en los centros de control que no puede ser eliminada sin trabajar con las esferas mentales donde se ubican los patrones de supervisión y bases de datos de gestión de los mismos (el patrón metabólico, el patrón conductual o el patrón emocional, por ejemplo).

Hay problemas que se manifiestan en los órganos físicos y enfermedades en nuestra sociedad que tienen su origen en la incapacidad de los tantiens para acumular suficiente energía para hacer funcionar todo el conjunto de forma estable, pero esta disfuncionalidad en los tantiens está producida por bloqueos y problemas en los mecanismos de transmutación energética de los chakras y por problemas, y taponamientos, en el sistema de canales, que, a su vez, al estar conectados a nivel energético, etérico y mental con el sistema nervioso autónomo y regulados por una base de datos en la esfera mental consciente, impiden que se pueda restablecer el equilibrio en las zonas dañadas sin actuar sobre todo ello a la vez para conseguir un buen estado de salud en todos los aspectos.

Y es que, como ya intuís, al igual que se produce un “efecto mariposa” a nivel cuántico y energético en el mundo con cada acción que ponemos en marcha en nuestra vida y realidad, se produce idénticamente en el organismo humano, y, si un elemento de todos los anteriores presenta un simple desajuste, las repercusiones en todos los demás son las que llevan a múltiples problemas de salud, a diferentes grados de disfunción, tanto a nivel físico, como etérico, emocional, mental o causal, y que, por separado, ningún sistema médico en la sociedad, sea moderno o tradicional, puede sanar al 100% y de raíz si no se combinan y se aúnan todos a la vez.

Divide y mantendrás a la humanidad siempre a “medio gas”

La decisión de asimoss de repartir el conocimiento y separarlo por partes en diferentes culturas del mundo, intentar aislarlas hasta cierto punto y casi “oponerlas” entre sí, dio lugar a que no tengamos un sistema unificado de conocimiento sobre el funcionamiento del sistema físico y energético del avatar que usamos y, por ello, sea difícil corregir muchas de las disfunciones presentes en el mismo.

Quien estudia o usa la medicina occidental no tiene porqué querer saber nada de la medicina china, y quien usa la medicina ayurvédica no tiene por qué desear tener nociones de chamanismo, mientras que, quien estudia el ser humano desde un punto de vista de terapia esotérica o “espiritual” no tiene por qué aprender tampoco las interdependencias y relaciones entre las anteriores tradiciones médicas y los conocimientos en los que se basan, pues, además, existen contradicciones entre todas ellas que te hacen casi necesario “escoger” una línea de estudio, por la imposibilidad de compatibilizar el conjunto de conocimientos de todas a la vez.

Por otro lado, como todas tienen una base fuerte de conocimientos reales sobre unos pocos componentes del sistema humano, pero se imbuyó distorsión en todas para que fuera casi imposible unir todos esos conocimientos en un único conjunto coherente “médico” y “sanador”, no hemos sabido, como sociedad, darnos cuenta de que, para llegar a comprender y poder actuar sobre nuestro cuerpo con pleno conocimiento de causa, hemos de unir el conocimiento de todas las enseñanzas repartidas por diferentes culturas del planeta, eliminar la distorsión en las piezas que hacen de puente entre ellas, y obtener ese modelo unificado de conocimiento que permitiría activar todo el potencial inherente al cuerpo que poseemos y alcanzar cotas de salud, y bienestar, no conocidas por nuestra especie, ya que, como podéis imaginar, ese potencial y estado solo se puede activar y alcanzar cuando todos esos elementos de la lista anterior, y otros muchos más, se encuentran en el estado de “salud” adecuado para ello, y en armonía con todos los demás.

Algunas de las interdependencias que “unen puentes”

Intentemos crear entonces algunos puentes entre esta serie de conocimientos y enseñanzas. Decía al principio que podemos ser tan “poderosos” a nivel energético como lo sea nuestro componente más frágil, y, de la lista anterior, el componente más “débil”, en este caso, es el sistema nervioso, que es el que tiene menor capacidad de todos los mencionados para transportar energía y paquetes de datos de un punto a otro del cuerpo, tanto en su parte “sólida” como en sus estructuras sutiles.

Por hacer alguna analogía, el sistema de meridianos puede asimilarse a un oleoducto que lleva millones de metros cúbicos de fluido por sus tuberías, los tantiens son millones de veces más capaces de almacenar el chi o el prana que las mayores presas de agua del mundo todas juntas, los chakras transforman más energía que todas las centrales eléctricas y nucleares del planeta y los centros de control son millones de veces más potentes que cualquier sistema informático que hayamos desarrollado. Sin embargo, por otro lado, el sistema nervioso central y autónomo es el equivalente a un cable de cobre de los usados en telefonía para conectarnos con la centralita de internet cuando aún usábamos los antiguos módems y no existía la fibra óptica.

Con esto no quiero decir que el sistema nervioso sea “poca cosa”, sino que, aún siendo lo potente y complejo que es, el resto de los elementos están muchos grados por encima en capacidad de gestión energética, y, por lo tanto, las partículas de prana, que no podemos ver ni diseccionar ni observar en nuestros laboratorios, solo pueden circular por el mismo a una fracción del potencial real que cada partícula de ese mismo prana puede contener, a nivel de densidad energética, en los otros componentes.

Un diseño para minimizar el potencial inherente al avatar

Esta enorme diferencia, diseñada a propósito por asimoss en los sucesivos modelos de homos que han ido formando nuestra especie en cada época histórica, permitía a REC controlar el potencial de desarrollo del ser humano, ya que, por mucho que nuestros antepasados se esforzaran por trabajar sus niveles energéticos y superar sus “limitaciones” en su estructura sutil, si su sistema nervioso no se ponía a la altura para acompañar esos caudales y flujos de prana a más o menos el mismo nivel, ninguno de los sistemas interconectados entre sí del conjunto del avatar podría ir más allá de un límite determinado de energía para poder ser activados y puestos a funcionar.

Puesto que todas las capacidades “super humanas” que poseemos latentes (por provenir del ADN de las diferentes razas que dieron parte de su genética para crear el avatar que nos permite experimentar esta aventura terrenal), necesitan de niveles determinados de energía para poder ser activadas, al reducir el potencial de uno de los elementos del conjunto (en este caso el sistema nervioso), y al estar todo el resto de los elementos interconectados y ser interdependientes entre sí, se impedía una activación de estas. Además, y como ya dijimos en la serie de artículos sobre las vacunas, se aseguraron con la introducción de la nanotecnología en el agua de los viales de estas que, desde el propio cuerpo físico 1.1, estas capacidades no se activaran o lo hicieran solo mínimamente, ya que, si la parte “sólida” es la que más inhibida se encuentra, como todo depende de todo y todo procura mantener un equilibrio con todo, la parte “energética” no puede ponerse en marcha “a plena potencia”.

En otras palabras, y lo que quiero decir, es que el estado a nivel físico 1.1 del cuerpo es lo que regula el nivel máximo de energía que los cuerpos y componentes sutiles van a ser capaces de procesar, y esto lo indican los paquetes de información que el sistema nervioso autónomo envía hacia el resto de cuerpos sutiles a través de los átomos simiente para indicar, en cada momento, cuanta energía es posible imbuir en el avatar y cuanta energía puede circular por todos sus elementos, según cuanta capacidad tenga la parte más “sólida” para hacer de sostén a la parte más “energética”.

La centralita de distribución de la información

La forma en la que este tipo de regulación se produce pasa por la interconexión de la parte física del sistema nervioso autónomo en su nivel 1.1 con su nivel 1.2 a 1.7 y con los siete subniveles del cuerpo etérico.

Toda la información del cuerpo “físico”, lo que nuestra medicina occidental estudia, es regulada por el sistema nervioso central y autónomo, con el cerebro físico como órgano de proceso de todo ello. Por lo tanto, por ambos sistemas nerviosos, circulan continuamente trillones de pulsos eléctricos con instrucciones, datos, información y contenido sobre cada parte del organismo. Para comunicar esta información hacia los cuerpos sutiles, el sistema nervioso autónomo “energético” recoge los paquetes del sistema nervioso autónomo “físico”, haciendo un “puente” entre el nivel 1.1 y el nivel 1.2, donde existe una red idéntica de fibras y ramales al primero.

Así, la parte energética del sistema nervioso recibe los mismos datos que circulan por su contrapartida física, y estos datos son reenviados hacia todos los componentes energéticos (redes y capas 1.2 a 1.7) y etéricos (subcuerpos 2.1 a 2.7). La coordinación de estos envíos se realiza a través de los llamados átomos simiente, que hemos mencionado, y de los que existe uno por cada cuerpo sutil, repartidos de la siguiente manera:

  • Átomo simiente “físico-energético”: ubicado en el cuerpo 1.2, a la altura del ventrículo izquierdo del corazón
  • Átomo simiente etérico: ubicado en el cuerpo etérico, más o menos a la altura del plexo solar
  • Átomo simiente emocional: ubicado en el cuerpo emocional, más o menos a la altura del hígado “emocional”
  • Átomo simiente mental: ubicado en el cuerpo mental, a la altura de la corteza frontal
  • Átomo simiente causal: ubicado en el cuerpo causal, a la altura de la coronilla

Estos “átomos simiente”, como son llamados generalmente, envían los paquetes de datos que reciben del sistema nervioso autónomo del cuerpo 1.2 hacia el conjunto de todos los cuerpos sutiles, así que, si el sistema nervioso “físico” tiene una capacidad determinada de transporte y gestión energética, todo el resto de los sistemas y cuerpos sutiles se ajusta a esa capacidad según las instrucciones recibidas desde el nivel más sólido.

Cuando todo funciona bien, esto nos mantiene más o menos en equilibrio respecto a los flujos de prana que pueden circular por toda la estructura humana, pero, como ya suponéis, raramente funciona “bien”.

¿Qué sucede cuando hay sobrecarga energética en los cuerpos superiores?

En general, el cuerpo físico puede soportar hasta un cierto nivel de energía que venga de los cuerpos superiores sin sufrir daño, como un margen de seguridad. Pero ¿qué sucede si tocas un cable de electricidad con las manos? Te da un calambre en el mejor de los casos y te electrocutas en el peor de ellos, pues la energía en forma de corriente eléctrica que tu cuerpo físico puede absorber es muy limitada.

¿Qué sucede si tienes un fuerte shock emocional? Que tu cuerpo lo sufre, se desequilibra y puede terminar como una dolencia o malestar físico. ¿Qué sucede si estamos bajo una fuerte presión mental? Que terminamos con dolores musculares o de cualquier otro tipo porque el cuerpo físico no puede canalizar ni absorber la intensidad energética que ha entrado desde el nivel etérico, emocional o mental por cualquier circunstancia o motivo externo.

En este caso, no importa si es energía “positiva” o “negativa”, pues si te conectaras hipotéticamente a una fuente de energía de alta vibración a nivel etérico, por ejemplo, tampoco el sistema nervioso físico sería capaz de gestionar y absorber más allá de un determinado caudal, y el cuerpo también sufriría las consecuencias y, literalmente “nos freiríamos las células”. Esta sobrecarga que es recibida por el cuerpo etérico, por ejemplo, se intentaría desviar hacia los acumuladores -tantiens- para almacenarla y que no circule sin control por el sistema de canales. Para ello, los chakras se cierran automáticamente por orden del patrón emocional y por los programas de los centros de control que los regulan, pero, como en general no da tiempo a canalizar adecuadamente la entrada de tanta energía, esta termina circulando sin control por los meridianos, llegando a los envoltorios energéticos de los órganos y causando desajustes por impacto en estos, que, dependiendo de su estado, pueden absorber con mayor o menor facilidad solo una parte sin ser dañados, y, en caso contrario, terminan realmente sufriendo problemas energéticos y físicos por no poder rechazar, bloquear o absorber esa cantidad enorme de flujo recibido.

Eliminando los “topes” energéticos en el cuerpo físico

Entonces, ¿Qué marca el nivel de energía que el cuerpo físico puede absorber y usar y que el sistema nervioso puede hacer circular y coordinar por nuestra parte más “sólida”?

Como con casi todo lo relacionado con el cuerpo orgánico, este tope energético lo marca un parámetro en el llamado patrón metabólico, que es la base de datos de cómo ha de funcionar el avatar y que se encuentra en las esferas mentales y es de donde, el ADN – a través del centro instintivo de control – obtiene sus instrucciones para que el organismo funcione a la perfección. Este parámetro, que vamos a llamar “el límite energético”, está también codificado en los cromosomas a nivel celular, así que, de esta manera, una célula sabe cuanta capacidad energética tiene “de margen” para usar y absorber sin ser dañada.

Como ya podéis suponer también, este límite energético se puede modificar a través del trabajo con nuestro YS, para que, poco a poco, se permita a las células, por activación de los parámetros imbuidos en el ADN, desarrollar la capacidad de elevar su potencial energético, y, elevando el potencial energético “base” del cuerpo 1.1, elevar así el potencial energético “mínimo” de todo el conjunto.

¿Quiere esto decir que las células del cuerpo humano pueden trabajar con mucha más energía?

Correcto, pero esa capacidad, presente en ellas, está bloqueada por la codificación de nuestro ADN programada por asimoss al crear al ser humano, pero no eliminada, ya que, al poseer muchos genes de los creadores de nuestro avatar, poseemos igualmente todas sus capacidades energéticas. Por lo tanto, los componentes celulares son capaces de trabajar con intensidades de “prana” mucho mayores, y, ese cable de cobre, al que hacíamos referencia al mencionar el sistema nervioso, puede convertirse en una red de fibra óptica en todo nuestro organismo con el trabajo adecuado. Este proceso de activación y transformación, que como siempre requiere de un esfuerzo continuo y constante, permite que se pueda, al menos, plantear la posibilidad de iniciar octavas para activar otras capacidades, pues nada funciona sin energía, y, para poner en funcionamiento todo lo que tenemos de forma “latente”, hace falta muchísima de esta.

Por lo tanto, la petición a nuestro YS con la que podéis trabajar es la siguiente:

Solicito a mi Yo Superior y doy permiso permanente para que modifique al alza, y de forma regular y constante, los límites energéticos de mi sistema físico y orgánico, ajustando los parámetros en los elementos de mi estructura que regulan la cantidad de flujo energético que mi cuerpo físico tiene permiso para gestionar en cada momento. Solicito que se activen las capacidades energéticas de mis células, regulando los topes máximos indicados en el ADN y mecanismos de control para que, paulatinamente, puedan procesar una mayor cantidad de prana y energía vital, transformando mi cuerpo físico para que tenga la capacidad de trabajar con niveles más altos y elevados, y ello facilite la activación, buen funcionamiento y desarrollo de todos los componentes sutiles que dependen del nivel “base” que posee mi cuerpo orgánico para este fin.

Solicito y doy permiso permanente a mi Yo Superior para que ajuste todos los parámetros que rigen y regulan los flujos energéticos de mi cuerpo, en sus estructuras sólidas y sutiles, buscando siempre mi equilibrio, bienestar, mi bien mayor y mi crecimiento y desarrollo a todos los niveles de mi estructura, mi realidad, mi vida y mi experiencia como ser humano. Gracias.

Con esto podemos dar otro pequeño paso para mejorar nuestra salud, activar nuestro potencial, poner en marcha nuestras capacidades, conocer mejor nuestro funcionamiento y seguir avanzando en la transformación hacia versiones mejores de nosotros mismos, en todos los sentidos y con todas las herramientas inherentes a nuestra estructura y componentes internos. Todo el potencial que poseemos yace latente a la espera de poder ser descubierto, comprendido, a que se tome consciencia de ello y, finalmente, a hagamos el trabajo necesario para que pueda ser activado.

David Topí


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