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Lagunas astrológicas e influencias planetarias

Esta semana me han llegado un par de preguntas relacionadas con la «verdadera» influencia que puedan tener los campos energéticos planetarios y del resto de cuerpos del sistema solar en el ser humano, su sistema energético, las corrientes que rigen nuestro desarrollo, etc. Posiblemente, algunos ya habréis ido leyendo retazos de mis respuestas a este tema en algún que otro artículo del blog y, aunque no he entrado en profundidad, si que hemos ido comentando algunos aspectos de estos estudios milenarios «del cielo».

La astrología es un tema complejo y que a lo largo de los siglos se ha ido transformando con el conocimiento que, en diferentes épocas de la humanidad, se ha ido obteniendo u comprendiendo sobre la influencia de las diferentes energías y fuerzas que impactan contra la Tierra y todo lo que se encuentra en ella. Hagamos un «resumen» de algunos conceptos básicos relacionados con las «lagunas» de lo que nos falta por comprender para entender mejor esta ciencia.

Origen de la astrología

Inicialmente, las primeras bases de la astrología provienen del conocimiento entregado por asimoss a las “élites” de las primeras civilizaciones tipo sumeria, acadia, babilónica, egipcia, con trazas aún más antiguas incluso de la época atlante. Se entregó este conocimiento a estas “élites” para que supieran calcular cuándo era más propicio poner en marcha ciertos acontecimientos, cuando había que usar ciertas energías para ciertas cosas que ellos decretaban, etc. ya que es el equivalente a conocer cómo sopla el viento en el mar, en que dirección y con qué fuerza, para poner el barco a navegar con las velas apuntando y orientadas en la dirección adecuada y no tener que luchar contra corriente sino ir a favor de las mismas y usarlas en tu beneficio.

Debido a la introducción del calendario solar entregado por Enlil, uno de los dos asimoss principales de aquel entonces, se dividió la elíptica en 12 zonas para explicar a las élites religiosas de las primeras civilizaciones «post-diluvio» el funcionamiento de las energías e influencias que llegaban desde el sistema solar, y desde diferentes regiones de nuestra galaxia, ya que estas mismas «élites» eran las que iban, y tenían que poner en marcha, las diferentes órdenes de asimoss sobre la humanidad y, para ello, tenían que tener un mínimo de conocimiento de cuándo usar fuerzas externas para amplificar sus propias octavas, cuando activar algo para que coincidiera con corrientes que les beneficiaran, etc. Como el conocimiento astronómico de la humanidad era muy básico en aquel entonces, simplemente les explicaron qué tipo de fuerzas “cósmicas” llegaban desde cada punto del espacio si viéramos la Tierra como el centro de esas fuerzas (que aunque no sea correcto, es la única forma de entenderlo si no puedes salir de tu planeta para ver los flujos y corrientes energéticas que circulan por toda la galaxia y cómo impactan y se mueven y afectan a todos los sistemas de la misma).

Una vez más o menos comprendido que tipo de energía venía de cada zona, las propias élites de aquel entonces para hacérselo fácil a ellas mismas asignaron nombres a las constelaciones que veían en esos cuadrantes, y así entenderse entre ellos a la hora de hacer sus cálculos, mediciones y demás.

Con el tiempo, todo eso, tergiversado y distorsionado de generación en generación, pasando de las élites religiosas de cada época hacia la humanidad de cada momento con más o menos alteración del conocimiento real, es lo que ha dado lugar a los horóscopos actuales, los doce signos del zodiaco, etc. Son simplemente formas de explicar que, si llega una fuerte corriente energética desde la dirección tal del espacio, y que tiene una frecuencia, características, potencia, contenido, etc., y a los humanos nos afecta de tal o cual forma, pues a “eso” le vamos a decir que son las energías de Acuario, si llegan energías o fuerzas “cósmicas” desde tal otra dirección del espacio (visto desde la Tierra) y que tiene otra frecuencia, otro tipo de impacto, a eso le vamos a llamar la influencia de Virgo, etc. Luego, de ahí se ha ido diluyendo la parte “física” y energética de ello y se ha pasado de generación en generación la parte “simbólica” y “mitológica” del tema.

Estructura del sistema solar

La primera laguna que existe en el conocimiento astrológico que poseemos está relacionado con la estructura real del sistema solar. La mayoría de sistemas solares son binarios, algunos incluso son sistemas de tres estrellas, de los que conocemos ejemplos como el de Sirio, con Sirio A, B y C orbitando entre sí. La razón por la que, en general, casi todos los sistemas solares son binarios, tiene que ver con el equilibrio y los puntos de «anclaje» energéticos que un sistema solar necesita para poder sostenerse en su recorrido «galáctico», de forma que, en general, se ayudan los logos solares entre sí conectando sus avatares para formar sistemas que orbitan uno alrededor del otro y «trabajan juntos», por así decirlo, asistiéndose a nivel energético y evolutivo.

Nuestro sistema solar funciona igual. La otra estrella, denominada «Némesis» en algunas de las hipótesis formuladas por algunos astrofísicos, es una enana marrón que no captamos porque se encuentra demasiado lejos y emite muy poca o nula luminosidad, pero está enlazada a nuestro sol y, aunque suene «raro», este hace de «mentor» a nivel de «logos» para un logos «menor» que recién «aprende» cómo usar una estrella para su proceso evolutivo. Es decir, cuando se trata de sistemas binarios, en general suele haber una estrella «dominante», y otra menor que le acompaña y le asiste tanto a nivel físico para mantener ciertos parámetros y corrientes y estabilidad, como a nivel energético y «metafísico» para que ese logos «alumno», que posiblemente se ha «graduado» usando un planeta en sus procesos anterior, ahora empiece a usar una estrella pequeña en la que tiene que aprender y seguir avanzando en este nuevo avatar de orden jerárquico mayor.

Por lo tanto, se le asigna un logos solar de mayor nivel y, a nivel físico, nosotros lo que percibimos es una estrella orbitando alrededor de otra. Puesto que los procesos evolutivos a nivel solar son de millones de millones de años, tanto nuestro logos solar como el logos de «Némesis» llevan haciendo este «rol» de «maestro-alumno» desde mucho antes de que la Tierra ni siquiera existiera como planeta, y aún queda mucho para que el logos de «Némesis» pueda seguir por su camino en una estrella individual o pasar a otro sistema solar donde sea el «mentor» de algún otro logos planetario recién graduado. Digamos que, en general, todos los sistemas binarios se diseñan para que algún ser de enorme potencial ayude y asista a otro ser en proceso de convertirse en lo mismo, con lo que las estrellas más pequeñas orbitando estrellas mayores se convierten en los avatares «de paso» para todos aquellos logos que han de pasar por estos procesos para su evolución y crecimiento. Como ya podéis intuir, la influencia de «Némesis» (no es el nombre real de su logos, sino el nombre «humano» asignado a la hipótesis de su existencia) no se tiene en cuenta en ningún estudio actual astrológico, con lo que hay corrientes y fuerzas que nos «impactan» asignadas incorrectamente a otros cuerpos o elementos o no conocidas ni comprendidas aún.

¿Por qué y cómo nos moldean las fuerzas y flujos que emiten los cuerpos planetarios?

Cada astro, estrella, planeta, cuerpo “cósmico”, emite y genera campos electromagnéticos que afectan a todos los demás sistemas y, dependiendo de la posición en cada momento de un ser vivo respecto al resto de sistemas planetarios, esas fuerzas, influencias y campos energéticos cambian, aumentan, disminuyen o alteran toda su estructura, desde la parte física y material hasta la parte energética, emocional, mental, “espiritual”, etc.

Cuando esas energías, ondas y fuerzas chocan con el campo electromagnético de la Tierra, tienen influencia en diferentes partes de nuestra estructura y de nuestra psique, según la frecuencia y vibración y, por esa razón están relacionadas con arquetipos del plano mental con los que resuenan en armonía y sincronía, y eso nosotros lo explicamos como que el aspecto tal de nuestra vida está influenciado por el signo tal de la constelación tal, ya que no tenemos otra forma de ver el origen real de esa influencia, y no comprendemos la estructura de los planos de la Tierra, especialmente el mental, para saber porqué resuena cada tipo de fuerza o influencia con un tipo de aspecto psicológico, estructural, energético, emocional, etc.

Imagínate que pones una figura de arcilla dentro de un microondas, y enciendes el microondas. Imagina que el microondas puede emitir montones de tipos de energía diferente, con diferentes frecuencias, vibraciones, colores, tonalidades y configuraciones. Cuando saques la figura de arcilla del microondas, esa figura se habrá modelado con la configuración que ha recibido de todas las impresiones e influencias energéticas que ha recibido, así que, esa figura, ahora tiene una estructura energética y física fuertemente “impresionada” por las fuerzas externas que lo moldearon cuando se iba formando su avatar y al nacer.

Por lo tanto, el cuerpo humano, y su estructura energética, es esa figura de arcilla, y el sistema solar es el microondas. La emisión de campos electromagnéticos y energías, fuerzas y corrientes cósmicas que fluyen por él, impregnan en todos los seres vivos de todos los planetas de todo el sistema solar (hay vida en todos ellos a diferentes niveles evolutivos), su “coloreado” especial según que planeta le “da más fuerte”, que planeta le influye menos, que corriente energética estaba más alta en ese momento, cual más baja, que influencia de qué campo moldeó su composición, etc.

Conocimiento incompleto de las fuentes electromagnéticas del sistema solar

El problema es que la información que tenemos actualmente para definir esa impresión «energética» anterior es incompleta. Hay otros planetas en el sistema solar que no conocemos (aún) y cuyas fuerzas y campos energéticos tienen influencia en nosotros que actualmente las asociamos a planetas conocidos, como no puede ser de otra manera. Aunque nosotros tomamos el momento de nacer como el punto de referencia para saber que configuración “astrológica” tenemos, en realidad esta influencia se da durante los nueve meses de creación del avatar, pues la figura de arcilla nace como un óvulo y va siendo moldeada en el interior del útero de la madre por las fuerzas externas durante la octava de su crecimiento, con lo que, cuando nace, ya posee una configuración física y energética determinada por decenas de factores: el “diseño” del alma y del YS, aquello que ha recibido de los padres, la influencia del inconsciente colectivo familiar al que entra y se conecta, sus propias energías de las otras vidas simultáneas, la influencia planetaria que ha recibido durante los 9 meses de crecimiento, los ICs del barrio, ciudad y región en la que vive, etc. Todo eso hace que cada persona es como es y nazca con los parámetros con los que nace.

También asociamos fuerzas y características a las diferentes constelaciones y “casas” astrológicas usando una división en la elíptica de 30º para cada constelación por que desconocemos que la energía o influencia no viene de esas constelaciones, sino de la dirección que esas constelaciones “señalan” y es más sencillo interpretar los signos del zodiaco como representantes de ciertas fuerzas que intentar comprender (porque no tenemos ese conocimiento) que son diferentes flujos y movimientos ondulatorios de energías que nacen muchas veces del propio centro galáctico, otros de otros puntos importantes de la Vía Láctea, y que se propagan como ondas en un estanque en todas direcciones, llegando a nosotros desde un punto determinado que nuestros antiguos astrónomos llamaron «constelaciones». Pero la influencia o impacto energético no es de ese conjunto de estrellas con forma de carnero o de pez o de balanza en nuestra psique colectiva, sino de la dirección del espacio a la que miramos cuando apuntamos con nuestros telescopios al lugar donde esas estrellas se encuentran.

Planetas que nos faltan por conocer y descubrir

Como norma general, todos los sistemas solares poseen 12 planetas, una octava con sus tonos y semi-tonos, pero no todos están “construidos” o materializados en el plano físico 1.1. Algunos de esos sistemas planetarios se encuentran solo con su estructura mental o etérica, o algunos con sus planos físicos del 1.2 hacia el 1.7, por lo que no podemos detectarlos con nuestra tecnología o sistemas de observación que poseemos. Este es el caso del sistema solar.

Por otro lado, un planeta es todo lo que tenga un “logos planetario”, es decir, un ser usando ese planeta como avatar. Plutón tiene logos, por lo tanto es considerado como planeta en todo derecho, aunque nuestros astrónomos lo hayan degradado a “planeta enano”. Eris o Makemake no lo tienen y, por eso, aunque están en la misma categoría que Plutón a nivel “astronómico”, no son planetas para nuestro logos solar.

Así, nos falta por conocer o descubrir al menos tres más (y otros cuerpos «menores» también fuera de nuestro alcance tecnológico en estos momentos pero conocidos y usados por REC). Uno de ellos se encuentra en la región “física” entre el plano 1.2 y el 1.3, los otros dos son algo menos densos y aunque son “físicos” también, están fuera del espectro lumínico que podemos captar, pero no así sus efectos, por lo que sus campos electromagnéticos, sus fuerzas de gravedad, sus energías e influencias, están bien presentes por todo el sistema solar como lo están aquellas que si que vemos con telescopios y observatorios astronómicos.

Estos tres planetas que no tenemos “marcados” en nuestros diagramas, si que son conocidos por REC y SC y, para REC, en particular, son habitables y “físicos”, pues tienen ahí algunas bases que nunca podremos percibir, pero ellos si, pues se mueven en los niveles del sistema solar más allá del plano 1.1. De estos tres planetas:

  • Uno de ellos hace la función equivalente a un “riñón” en el cuerpo físico, es decir, filtra una gran parte de las energías “dañinas” del sistema solar, siendo un planeta de “sanación” en todos los aspectos que nos incumben a los seres humanos cuando su influencia se deja sentir en nuestro sistema energético.
  • El otro hace funciones de “protector”, es más grande que Júpiter, pero está en el limite físico-etérico, así que su “fuerza” es menor en el plano 1.1. Esta función de protector es algo así como la función de la epidermis para frenar “tóxicos externos”, de manera que el campo de este sistema planetario y su logos, hacen un enorme trabajo de protección de todo el sistema solar en su conjunto y dentro de la influencia en el ser humano, regiría todo lo que tiene que ver con la protección y la fortaleza interna.
  • El tercer y último planeta tiene una función de coordinador entre logos planetarios, es una especie de “gestor” del sistema solar, siendo uno de los dos logos más avanzados en jerarquía de los 12. Se encuentra fluctuando en los niveles medios del 1.3-1.4 así que tampoco podemos captarlo con nuestros telescopios o sondas pero su labor es tremendamente importante pues gestiona junto con el logos solar el equilibrio evolutivo de todas las especies conscientes que habitan en todos los planetas, la humanidad incluida en la Tierra. Su influencia en nosotros a nivel “astrológico” se ve en los aspectos de autocontrol y autogestión de nuestra vida.

Funciones de cada logos planetario dentro del sistema solar

Para el resto, de forma resumida, y teniendo en cuenta que cada cuerpo y elemento del sistema solar tiene una función, los planetas conocidos más o menos realizan las siguientes para el conjunto de todo el sistema y el buen funcionamiento del mismo:

Mercurio: es el equivalente a la glándula pituitaria del cuerpo para todo el sistema solar. Regula funciones de codificación energética de los paquetes e instrucciones que salen del sol y que van a parar, a través de las llamaradas solares, hacia el resto de logos planetarios.

Venus: Es la glándula pineal del sistema solar. Realiza las proyecciones de realidad conjunta para el sistema según las indicaciones del logos solar, de forma que cuando se tiene que construir o proyectar algo “macro” a nivel de sistema solar, todo el contenido mental de la realidad que se desea crear es reenviado hacia el logos de Venus que se encarga de la proyección y materialización de la misma.

Tierra: Es el equivalente a la tiroides del sistema solar y regula una parte de las comunicaciones internas entre “órganos” (planetas y elementos presentes en el sistema), de forma que hace como de “centralita” cuando los logos necesitan coordinar algo entre ellos para el buen funcionamiento del conjunto.

Marte: Es el protector energético del sistema solar contra “virus” y “bacterias” galácticas, algo así como el sistema inmunológico y defensivo. Su logos tiene la capacidad y funciones para poder asistir a cualquier otro logos si este necesita ayuda contra energías y corrientes nocivas que hayan podido penetrar las defensas y barreras de la nube de Oort y el cinturón de Kuiper, pues existen todo tipo de “egregores” galácticos que también llevan o contienen energías densas que se intenta no penetren en el interior de las esferas planetarias.

Cinturón de asteroides (Maldek): Anteriormente, el cinturón de asteroides era un planeta conocido como Maldek, su logos sigue presente, pero en vez de tener su “avatar” en una pieza, ahora se encuentra disperso entre millones de rocas y asteroides, con lo cual, cambio su función y hace el equivalente a una red de protección para el primer tercio de sistemas más cercanos al sol. Era un planeta destruido por las mismas razas que lo habitaban entonces, debido a un enfrentamiento bélico con una raza conocida por nosotros, los Zuls, que estaban también dando “guerra” en aquellos tiempos en esa otra esfera planetaria. Debido al mal uso de la energía y buscando la forma de defenderse y acabar para siempre con la “invasión Zul” (vamos a decirlo así), se les fue la mano y terminaron volando en pedazos su planeta. Su logos, entonces, en vez de retirarse y buscar otro planeta que le sirviera de avatar, y con el permiso del logos solar, tomó a Ceres, que era el resto de mayor tamaño, como “punto de conexión” de su consciencia con la materia física, y el resto de asteroides y rocas como lo que sería su “avatar”, pasando a tener una función defensiva a nivel energético para los logos y planetas más cercanos al sol y haciendo de “escudo” de energías y cualquier cosa que pudiera venir de fuera.

Ceres: el logos de Maldek ubica aquí su consciencia principal.

Júpiter: Es el equilibrador de todo el sistema solar junto con el Sol, el segundo “cerebro”, la segunda “consciencia” más importante para el funcionamiento del conjunto.

Saturno: El vigía, es el logos que está constantemente vigilando todo lo que se mueve en todo el sistema solar, a nivel de razas, de energías, de entradas y salidas, el desarrollo de la vida consciente y las posibles alteraciones que esta cause en el conjunto de todo el sistema de planetas.

Neptuno: El “archivador” de información, el repositorio de datos, gestiona el plano mental y la “memoria” del sistema solar, contiene todo los paquetes de datos de todo lo que sucede en todo el sistema solar a todos los niveles.

Urano: Controla el flujo de “prana” por toda la red de canales y líneas que unen a los planetas y sistemas entre sí, gestiona la parte etérica del sistema solar, la interacción entre todos los planetas para que todos reciban el “chi” que necesitan y gestiona la interacción gravitacional y electromagnética entre todos ellos para que exista un equilibrio estable entre todos.

Plutón: El “oteador” externo, asiste a Saturno a explorar y estar “al tanto” de posibles eventos, energías, corrientes galácticas, fuera de la nube de Oort. Hace de enlace con otros sistemas solares dentro de la misma órbita que sigue el sistema solar en su recorrido alrededor de Alción.

El cinturón de Kuiper, que se encuentra más allá de Neptuno, es un «cortafuegos» físico-energético y etérico, pues no tiene función a nivel mental ni superiores, solo en los dos planos más densos del sistema solar. Este «cortafuegos» impide la entrada de las energías que se puedan «colar» a través de la heliosfera y hace la función de proteger los planetas «interiores» y las diferentes «líneas de energía» (el equivalente a nuestros meridianos) que circulan y existen entre ellos para que el «prana solar» (vamos a llamarlo así) pueda fluir libremente entre todos los logos planetarios. De esta manera, digamos que la circulación de «prana solar» se ve cubierta y protegida por este cortafuegos etérico y energético que representa lo que nosotros desde el plano 1.1 vemos como el cinturón de Kuiper.

Por otro lado, la nube de Oort hace una función parecida, pero protegiendo el sistema solar de las corrientes «brutales» que existen fuera del mismo. Puesto que nuestro sistema solar se encuentra en una de las órbitas más externas de Alción, en la constelación que llamamos Pléyades, sigue un «circuito» marcado por unas «autopistas orbitales» que dependen de esta estrella. Para mantener la «distancia de seguridad» entre sistemas solares orbitando en estas mismas «autopistas», se «crean» este tipo de protecciones energéticas que a nivel humano son rocas, meteoritos y asteroides, cometas y nubes de polvo, pero que a nivel etérico, son «colchones de seguridad» como los tienen los autos de choque de una feria para asegurarse de que no vas a interactuar directamente con ningún otro sistema solar poniendo en peligro la estabilidad interna de ellos.

Mucho por aprender aún

Poco a poco, a medida que comprendamos mejor la estructura del sistema solar, descubramos algunos otros planetas que faltan, sepamos cómo y de dónde nos llegan las diferentes fuerzas que atraviesan las zonas de las constelaciones y demás, tendremos un conocimiento más acertado y estructurado sobre como “todo” en el cosmos influencia a “todo” y de que manera navegar siempre con las velas a favor del viento, y nuestros conocimientos astrológicos serán más afinados. Siempre vamos profundizando con cada nueva pieza del rompecabezas que vamos comprendiendo y como toda ciencia, es un conocimiento que está en revisión y actualización permanente.

David Topí

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