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El árbol Merkle y los procesos concatenados de pensamientos de la mente

Estoy seguro de que todos habéis vivido situaciones en las que, nuestros pensamientos, nos llevan divagando de un tema a otro sin aparente problema ni, a veces, mayor relación que una simple idea que se enlaza con otra que a su vez nos lleva a pensar en otra y, más tarde, nos hace terminar dándole vueltas a algo más, muy alejado ya de los primeros pensamientos que dieron lugar a todo ese hilo de ideas conectadas. Estás pensando en el trabajo y enlazas con una imagen que te hace pensar en alguien que conoces y, al recordar a esa persona, y dejar que varios pensamientos sobre ella sigan su curso saltas a un viaje que hiciste a un lugar y, cuando estás divagando sobre ese viaje otro pensamiento te lleva a conectar con una idea sobre algo que quieres hacer en casa, y, así, hasta que cualquier cosa te “desconecta” de todo ello y pierdes el hilo de pensamientos con la misma naturalidad con la que los originaste.

Un mecanismo de coherencia mental

Como ya podéis suponer, este mecanismo de conexión entre formas mentales no es un suceso aleatorio, ni es un proceso que se dé “porque sí”, ya que se trata de una función regida y controlada por el programa ego, que se encarga de conectar todas las esferas mentales y, con ello, todos los pensamientos que los programas y arquetipos que estas generan, para darles coherencia y un hilo conductor, de manera que, el “yo” o subpersonalidad que está en ese momento activo y en control de la psique en la esfera de consciencia, no perciba los “saltos” de procesamiento que se dan cuando una esfera mental se pone a trabajar con unos datos pero luego esos datos se pasan a otra esfera, que los recoge y vuelve a procesar con sus mecanismos internos, para, luego, una parte de esos procesos ser repartidos entre varios arquetipos, donde se filtran o se archivan, y, de ahí, se conectan a varias de las redes neuronales que regulan nuestros bancos de memoria, haciendo que eso vuelva a activar recuerdos de otra cosa que vuelven a ser procesados por otro de los arquetipos de cualquiera de las esferas mentales, etc., etc.

Puesto que este mecanismo no para nunca, y 24 horas al día, incluso cuando dormimos, estamos procesando datos, analizando información, catalogando el contenido de la misma, y dándole sentido a todo ello para poder dirimir el mundo en el que vivimos a la vez que usamos todo ese material como base para las ondas proyectivas que forman nuestra realidad, se hace imperativo que exista un mecanismo de conexión entre todo ello, que permita darle una coherencia y estabilidad a la personalidad de todo aquello que está siendo procesado por la mente en “segundo plano”.

La personalidad no puede procesar tantos datos

Imaginaros que caos tendríamos si, en vez de percibir los cambios entre bloques e ideas mentales de forma más o menos “suave” y lineal (estoy pensando en “A” y paso tranquilamente a pensar en “B” y de “B” paso a pensar en “C” sin mayores sobresaltos), percibiéramos todos los procesos activándose y desactivándose, siendo analizados y siendo archivados, siendo movidos de una esfera a otra, siendo guardados en el cuerpo mental, activando a la vez partes del cerebro físico y desactivando otras, etc. Por ello, para evitar que la personalidad perciba todo este movimiento, se creó un mecanismo en forma de “árbol causal” de pensamientos que lo que hace es ir creando pensamientos “hijo” a partir de pensamientos “padre” que se van agrupando por temas más o menos relacionados, y que permite a la consciencia del “yo” al mando ir recorriendo las “ramas” del árbol mental para que haya continuidad (al menos aparente hacia la personalidad) entre unos procesos de la mente y otros.

Muchas veces esta “continuidad” no es necesaria, pues los micro pensamientos que podrían equivaler a las ramitas más pequeñas de un árbol van y vienen con tanta rapidez que el programa ego no se molesta en hacerlos llegar a la personalidad para que esta se dé cuenta. Es decir, de los 60.000 pensamientos que, algunos artículos sobre neurociencia han mencionado que nuestras redes neuronales generan o activan cada día, no llegamos a ser consciente ni de un 2% de los mismos, pues hacia la personalidad solo se envían” aquellas formas mentales que “circulan” por los ramales más importantes de este árbol “causal” (causa – efecto, este pensamiento lleva a este otro, este otro lleva a aquel de más allá). Y este mecanismo de “coherencia mental” es casi idéntica a la estructura que, en criptografía, se conoce como árbol Merkle.

Árboles Merkle

Los árboles Merkle son una estructura de análisis creada con el objetivo de facilitar la verificación de grandes cantidades de datos, relacionando los mismos por medio de diversas técnicas criptográficas para poder analizar y organizar toda la información que “corre” por el árbol, de manera que siempre se pueda saber el origen de un dato y cómo está conectado con los demás.

Digamos que un árbol Merkle es una estructura de datos dividida en varias capas, que tiene como finalidad relacionar cada “ramificación del árbol” con un identificador raíz único asociado a las mismas. Para lograr esto, cada nodo de procesamiento dentro de las esferas mentales debe estar identificado con un código único, que permita al programa ego saber desde que esfera mental “nace” ese proceso y hacia “dónde” debe ser dirigido. Estos nodos iniciales, llamados “nodos hijos” (como si fueran las hojas del árbol), se asocian luego con un nodo de procesamiento superior llamado “nodo padre” (rama), en el que el nodo padre tendrá un identificador único resultado de la combinación de sus nodos hijos.

Aunque puede resultar algo complejo, la idea es que cada centro de procesamiento dentro de cada esfera mental asigna un identificador único a cada forma mental, que se van combinando entre sí para agruparse por temas, pero, luego, para poder saltar de un tema a otro también se han de combinar entre sí los identificadores “padre” (que están formados por miles de identificadores “hijo”) y, con ello, se va creando una estructura en árbol en el que muchas ramitas y hojas pequeñitas van volcando miles de pensamientos para combinarlos en una rama mayor, que es la que permite a la personalidad pasar de darle vueltas a un tema que “circula” por una de las ramas a otro que se está procesando en otra de estas. Es básicamente hacer que la personalidad vaya recorriendo solo los circuitos de procesos mentales “principales” y pueda saltar de una rama “padre” donde se están procesando los pensamientos sobre lo que hiciste ayer en el trabajo a otra rama padre donde se están analizando los pensamientos sobre lo que tienes que comprar esta tarde antes de llegar a casa, sin entrar en las ramas y hojas menores donde se están llevando a cabo los procesos de análisis de los “microdatos” de cada tema. Como hay miles de datos activos en ambas ramas “padre”, el mecanismo del árbol de Merkle le permite a la consciencia del “yo” al mando saltar de un tema a otro de forma coherente y “suave”, simplemente conectándote desde un ramal de pensamiento “macro” a otro, como el que circula por un carril de la autopista y suavemente pone el intermitente y pasa a circular por el de al lado.

Usando el árbol Merkle para la proyección coherente de la realidad

Entre las diferentes funciones que tiene este mecanismo, y más allá de conocer mejor cómo funciona nuestra psique y todo lo que tiene que ver con el trabajo que hace nuestra mente, la estructura de árbol Merkle y el mecanismo de coherencia mental tiene un papel muy destacado a la hora de facilitar la proyección y decodificación de la realidad, pues es a partir de esta estructura que la glándula pineal crea las ondas proyectivas con el contenido de nuestros bancos de datos para emitir las octavas y energías que dan lugar al mundo que vemos.

Y es que, si no se organizara de alguna forma todo el contenido mental que poseemos y estuviera ramificado y ordenado de alguna forma lógica y coherente, los procesos de proyección de la realidad simplemente cogerían todos los datos y contenidos de cualquiera de las “ramas” y “hojas” del árbol Merkle y los “enviaría” hacia “fuera”, para dotarnos de un mundo sólido a los sentidos, pero sin un orden y estructura previa. Puesto que este cúmulo de proyecciones sería muy caótico porque los datos no estarían agrupados por “ramas” (temas) y no estarían armonizados entre sí a través de la estructura de prioridades, categorías principales y secundarias de todo lo que forma nuestros bancos mentales, el mundo en el que existiríamos seria aún más caótico de lo que, a priori, y en según qué circunstancias, puede ser.

De esta forma, todos los seres humanos proyectamos la realidad cogiendo los “datos” de los ramales principales de nuestros propios “arboles internos Merkle”, para asegurarnos que, anteriormente, se han agrupado, analizado y cohesionado adecuadamente los millones de microdatos y formas mentales que forman las ramitas pequeñitas y las hojas del árbol. Así, el programa ego solo tiene que conectar los programas de emisión de la glándula pineal al ramal principal del árbol Merkle, que asumen que lo que viene por el “tronco” es lo que finalmente todos los procesos de la mente han “consensuado” que será lo que proyectemos hacia el plano mental, para que luego se consolide en el plano etérico y se muestre a nuestros sentidos como el mundo sólido y tangible en el que vivimos.

Limpiando el árbol de “ruido” innecesario

Para poder entonces “limpiar”, de alguna forma, este “tronco” de ruido y datos no tan necesarios que más que asistir a proyectar una realidad limpia y positiva, añaden distorsión y algo de caos a la misma, podemos trabajar con nuestro YS para que ponga en marcha ciertos filtros que existen en la glándula pineal, y cuya función es decidir si algo se toma en cuenta o no para ser proyectado.

Son el mismo tipo de filtros que hemos visto en DM1 cuando hemos hablado, en los temas al final del curso, de los elementos que distorsionan la proyección de la realidad, y que hacen que, si el contenido de esta es contrario al contenido del paradigma de la mente (que hemos visto también al estudiar la esfera mental preconsciente), entonces no se deje pasar esa onda.

Pues bien, en este caso, existe un filtro “desactivado” que hace todo lo contrario, es decir, tenemos un filtro que evita que proyectemos “ondas distorsionadas”, porque, cuando se encuentra activo, su función es la de filtrar, como una membrana, paquetes de datos que solo añaden distorsión y confusión a la onda proyectiva de la realidad sin aportar mayor valor o contenido útil a la misma.

Como podéis imaginar, asimoss desactivó este filtro presente ya “de serie” en el troodon, e instaló los filtros contrarios (los que alteran las ondas o las bloquean parcialmente), y eso es algo que podemos revertir haciendo una petición a nuestro YS.

Activando el filtro que “limpia” las ondas que emitimos

Para hacer este trabajo os podéis crear una petición que solicite a vuestro YS que active los filtros mentales que controlan el contenido de lo que vuestra glándula pineal usa como material para proyectar la realidad, pidiéndole que no deje pasar los paquetes de datos destinados a causar confusión y alteración de esas mismas ondas proyectivas. Aunque no conozcamos los mecanismos al detalle de cada paquete o componente del filtro, no es necesario, pues estos se encuentran repartidos a varios niveles de las esferas mentales y de la glándula pineal en su contrapartida mental, pero, desde el nivel del YS se conoce perfectamente qué debe ser ajustado para que el proceso surja efecto.

Con este trabajo, lo que hacemos es reducir el “ruido” que se incorpora a nuestra proyección de la realidad, y con ello, evitar que procesos que están activos, para impedir que podamos proyectar algo que vaya demasiado en contra de la realidad que REC usa como realidad base para toda la humanidad, se manifieste en nuestro mundo.

Al emitir paulatinamente ondas más “limpias”, pues por un lado estáis quitando los filtros “tope “ y “distorsionadores” que tenéis en el material del curso, y, por otro lado, habremos activado los filtros que impiden que la pineal use el “popurrí” de procesos internos del árbol Merkle que no causan más que ruido mental, mejoramos la calidad de la onda emitida y, con ello, poco a poco, la calidad y contenido de la realidad que proyectamos, que es la base, al final, para la vida que tenemos.

David Topí

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