Metafísica - Estructura de la Realidad - Mente y Consciencia -  Sanación Energética

Los límites y efectos de la expansión del sistema energético del ser humano

Estoy bastante seguro de que, en alguna ocasión, habréis leído u oído por algún sitio que hay personas que tienen un campo electromagnético y un sistema energético más “grande” o “expandido” que otras, y que, además, a visión clarividente, quizás hayáis oído que, ese campo en su totalidad tiene la forma de un “huevo”, en el sentido de que parece más ancho en su base y un poco más achatado en su punta.

En general, cuando se habla del campo energético del ser humano, muchas veces lo reducimos únicamente a la idea del aura, entendida como la emanación que emiten los chakras principalmente del cuerpo etérico y de las capas energéticas del cuerpo físico que rodean a éste, y cuya tonalidad varía según el estado energético, emocional o mental de la persona.

Sin embargo, esa descripción aun siendo válida como aproximación inicial, resulta limitada si “entramos” dentro de la estructura de capas y cuerpos y vemos  que ese tamaño, y el alcance de los cuerpos sutiles que nos sostienen, nos interconectan y nos permite interactuar con la realidad que percibimos, tiene una serie de membranas en cada nivel que son las que hacen de contenedor del conjunto, y son las que se “estiran” cuando los diferentes cuerpos sutiles están más “cargados” de energía, o se repliegan cuando lo están menos, igual que las paredes de un globo se enganchan cuando entra más aire y el globo crece y se hincha o lo contrario, cuando sacamos el aire que contiene o está poco inflado por defecto.

Luego, la forma “ahuevada” de este campo tampoco es arbitraria ni simbólica, ya que es consecuencia directa de cómo se produce la distribución de las emisiones electromagnéticas que genera el sistema nervioso, el sistema endocrino, el corazón, las radiaciones de los diferentes órganos y, de manera sutil, los puntos energéticos que conocemos como centros de control, más los chakras, junto con los flujos de prana que circulan entre los distintos planos que componen nuestra estructura. Como una parte importante o “más potente” del sistema de emisión se encuentra en la zona media-inferior del cuerpo, hay más “expansión” por debajo (la parte ancha del “huevo”) y algo menos por “arriba”, la parte “alta” del “huevo”.

Entonces, ¿Qué es exactamente lo que se expande cuando decimos que crece el alcance de nuestro campo electromagnético y porqué se expande? La respuesta obvia es que cuanto más flujo de energía existe en cada cuerpo sutil y elementos de la estructura energética, más “lejos” llega la influencia del conjunto de nuestro campo electromagnético en sus capas y componentes más externos, “empujadas” por las capas y componentes más internos que se están “hinchando”. Con ello, a mayor alcance, más poder tiene la persona para influenciar el entorno, la gente que le rodea, el ambiente o el lugar donde se encuentra, especialmente si somos conscientes de esa capacidad y nos ponemos a modular conscientemente nuestra energía para que (con la intención) ejecute o tenga influencia de tal o cual manera allá donde estemos o con quien estemos.

La estructura fisiológica de apoyo y sostén de la expansión del campo vibracional

Como nuestro campo electromagnético puede tener varios metros de diámetro en su estado normal, y puede llegar a decenas de metros en según qué personas en según qué estado expandido se encuentre, el eje central del campo y la base que lo sostiene es, siempre, por su densidad y “centralidad”, el cuerpo físico, que actúa como núcleo “densificado” y apoyo de la arquitectura amplia que incluye el cuerpo etérico, el cuerpo emocional, el cuerpo mental y el cuerpo causal, que son los que realmente se expanden, todos ellos interpenetrados y coordinados a través de redes de filamentos de conexión que funcionan como auténticos canales de transmisión de datos, energía y programación para mantener la coherencia del sistema energético tenga este el tamaño que tenga.

Por lo tanto, como el cuerpo físico constituye la capa más densa y visible del sistema, es la única parte que no se expande como tal (no te hinchas enormemente a nivel fisiológico si te entra mucha energía de repente por haber estado meditando con tu YS, por ejemplo), y, por eso hace de sostén del resto. Lo que empieza a expandirse al entrar más flujo externo en nosotros y, con ello, a permitir a la persona aumentar el alcance de su campo energético y su capacidad de influir “más lejos” (en distancia) con su propia intención, es ya el cuerpo etérico y las capas energéticas de ese mismo cuerpo físico, que actúan como el molde energético inmediato de la parte fisiológica.

Como el etérico distribuye la energía vital que permite el funcionamiento biológico, también sirve como interfaz entre la materia y los planos más sutiles, de forma que, si se hace circular más prana o “chi” por toda su matriz, empieza a “empujar” al resto de capas y cuerpos “hacia fuera”, iniciando la expansión y “alejamiento” de todo el conjunto por ampliación de la membrana de separación etérico-emocional, mientras los programas de la psique y de los centros de control que regulan el funcionamiento de cada cuerpo se siguen asegurando siempre de que cualquier modificación en el campo emocional por cambios en el etérico siga controlado, del mismo modo que cualquier alteración orgánica que se pudiera dar se mantenga dentro de los márgenes aceptables para el equilibrio de la estructura completa. Así, el conjunto del “huevo electromagnético” sigue manteniendo todas sus funciones y procesos intactos, aunque ahora se esté “hinchando” y ampliando en tamaño, siendo cada membrana de “envoltura” de cada cuerpo, una “envoltura” activa y dinámica que mantiene su sistema de retroalimentación continua y de información hacia el resto del sistema en el que cada cuerpo influye y, a su vez, es influido por los demás.

Expansión emocional por “empuje” etérico

Entonces, si las capas físico-energéticas y el cuerpo etérico empiezan a expandirse, sus membranas de “envoltura” se ensanchan, y, con ello, el efecto llega rápidamente al cuerpo emocional, que hace lo mismo por el “empuje” energético de los cuerpos inferiores, y por la inserción, volcado y “conexión” de esta misma energía que circula por el etérico y ahora empieza a llenar también el emocional.

El cuerpo emocional, en este momento, empieza también a expandir su propia membrana “envolvente”, que es una capa de vibración gestionada por el patrón emocional de las esferas mentales que modula constantemente la coherencia del conjunto de todo el sistema emocional, para que el incremento de potencia energética que está llegando desde el cuerpo etérico no altere más de lo necesario el balance emocional de la persona, no fuera a ser (aunque a veces pasa), que por el hecho de que, energética y etéricamente, estén expandiéndose las capas inferiores, se produjeran repercusiones negativas por activación no deseada de las montones de emociones que tenemos en este cuerpo, y que puede que no sea especialmente adecuado o no se estén buscando activar por ningún nivel superior para trabajar sobre ello.

Por tanto, si se percibe una expansión etérica que empieza a expandir automáticamente el cuerpo emocional, y como las emociones están formadas por sus propios sustratos y ondas de frecuencia que expanden o contraen la propia membrana envolvente del cuerpo emocional, si se altera este cuerpo, por el empuje de los cuerpos inferiores, también se altera así la densidad, la amplitud y la estabilidad del conjunto del “huevo electromagnético” total de la persona, ya que ahora tanto el etérico como el emocional están siendo “hinchados” por la introducción de más flujo en ellos y sus membranas están expandiéndose, empujando, a su vez, a los cuerpos superiores en el proceso.

Y como las emociones tienen muchísimo poder y potencial para modular todo lo que emitimos y proyectamos, y como el cuerpo emocional hace de puente entre la parte energética y física y la parte mental, el contenido emocional de una persona puede tanto ampliar el alcance total de su “huevo electromagnético” como reducir el tamaño del campo en su conjunto. Como posiblemente en algún momento hayáis comprobado, un estado prolongado de miedo, estrés o preocupación, por ejemplo, no solo afecta al equilibrio hormonal o al sistema nervioso, sino que reduce la amplitud vibratoria del “huevo energético”, limitando la cantidad de información que puede intercambiarse con el entorno y estrechando los procesos de manifestación y la capacidad de influir en este, al estar mucho más recogido y contraído todo nuestro sistema. Por el contrario, estados de apertura, confianza, alegría y coherencia interna a nivel emocional expanden el campo, incrementan su permeabilidad a frecuencias superiores y facilitan la interacción con niveles más elevados de realidad.

Expansión mental por empuje emocional

Luego, lo que sucede a continuación es que el nivel emocional afecta al cuerpo mental. El cuerpo mental aquí desempeña una función estructural decisiva, pues es el auténtico generador de los patrones, escenarios, datos, contenidos, etc., que organizan la experiencia personal de cada uno en los eventos que vivimos en el día a día, y el que contiene la totalidad de los elementos que forman nuestra realidad personal.

Puesto que a través del “huevo” no solo se emite energía electromagnética como forma de radiación pránica, sino que se proyecta la realidad a través de la glándula pineal y de los sistemas de emisión del cuerpo mental y causal, una proyección con más fuerza por tener un cuerpo mental más expandido (resultado de un cuerpo emocional ampliado, que proviene de un cuerpo etérico y energético más potente), resulta en una capacidad más intensa de interacción con el entorno, y potencia la capacidad de interactuar, e incluso parcialmente sobrescribir, la proyección de los demás seres humanos que dan lugar a la realidad compartida de ese entramado local donde estén todas esas personas en ese momento. De este modo, el campo energético de la persona expandida no se limita a proteger o irradiar sobre lo que tiene a su alrededor, sino que actúa como un transmisor y receptor permanente con un mayor poder que el resto dentro de la red colectiva más amplia en la que esa persona “expandida” se encuentra en ese momento (una reunión de negocios por ejemplo, o un grupo de amigos o familiares cenando juntos) y esa persona se convierte en el emisor “predominante” respecto a todos los demás que “domina” (consciente o inconscientemente) cómo se desarrolla la realidad conjunta local para todos.

Y en los límites de la expansión

Finalmente, para la mayoría de las personas el límite de la expansión de nuestro campo lo marca el cuerpo causal, pues no todo el mundo tiene desarrollados los cuerpos superiores que ya hemos comentado otras veces en el blog. El cuerpo causal, situado en un nivel vibracional aún más elevado que el cuerpo mental, cumple entre otras cosas la función de almacenar los registros de experiencias acumulados a nivel álmico, y los diseños evolutivos que trascienden una sola encarnación, cada vida local. Así, desde el cuerpo causal, y a través del alma, se hace que “suban” y “bajen” paquetes de información hacia la supralma, a través de la cual se realiza luego el intercambio de datos proveniente de otras encarnaciones simultáneas.

Así, si desde esta capa causal se generan impulsos “ampliados” de la información “de vida” que está parametrizada a nivel causal, y que han sido traspasadas desde la supralma hacia el alma local de otra encarnación, al descender por la estructura energética de esa otra vida hacia el cuerpo mental de ese otro avatar, nuestro cuerpo causal “expandido” influye entonces también (o puede hacerlo) en las dinámicas de eventos, en las proyecciones y en los escenarios que se configuran para esa otra versión de nosotros en esa otra vida antes de materializarse en su realidad, influyendo nosotros en ella solo por el hecho de que estamos tan expandidos que emitimos con la suficiente potencia como para traspasar los límites de nuestra realidad local y afectar temporalmente otras encarnaciones.

Es tal que, por haber potenciado el alcance del cuerpo mental, también el causal emite ahora con más potencia, permitiendo al alma emitir y recibir con mayor potencia igualmente hacia la supralma, y, por lo tanto, “llegar más lejos” en el intercambio de información con otras encarnaciones, pero al punto de poder llegar a sobrescribir pequeñas porciones de la proyección sobre la trama sagrada de esa otra vida porque nosotros le enviamos “ondas” con una potencia superior a las propias “ondas proyectivas” que esa vida local está emitiendo en ese momento.

A este nivel, el campo electromagnético que poseemos integra, conecta e influencia, por tanto, no solo el presente de la encarnación en curso de quienes somos ahora o la gente que tenemos al lado en el restaurante o en la oficina, sino también otras posibles encarnaciones simultáneas y vidas paralelas con las que existe una conexión más “cercana”, y que, entonces, se ven condicionadas en su trayectoria/procesos de realidad hasta cierto punto, porque reciben más “efectos” y “empuje” de los acontecimientos y emisiones que se están dando en una vida local determinada cercana, esta desde la cual emitimos nosotros.

Y al contrario pasa lo mismo, si una de nuestras vidas o encarnaciones simultáneas está emitiendo a mucha potencia, pueden “colarse” procesos a través de la supralma hacia nuestra alma local, que bajan a nuestro causal y luego a nuestro mental, se unen a las proyecciones que estamos generando en este momento. Como tienen (o pueden tener) mayor intensidad que nuestras ondas y un contenido distinto, pueden alterar en mayor o menor grado lo que nosotros estamos emitiendo en ese momento.

Un proceso simultáneo de ida y venida

En todo caso, la interacción entre todas las vidas es un constante ir y venir, y siempre hay momentos en los que, desde una encarnación se “cuelan” cosas hacia otras, porque hay mucha más potencia de emisión en un periodo concreto que en otro, y muchas veces recibimos cosas de nuestras otras vidas que se cuelan en nuestras proyecciones de realidad tanto como emitimos cosas hacia el resto de nuestras encarnaciones que se cuelan en las suyas, más allá de los procesos normales y rutinarios que la supralma pone cada noche en marcha para equilibrar y armonizar todo el contenido de experiencias vividas en todas las vidas a la vez.

Luego, igualmente, a nivel local de cada avatar, todos los cambios que se dan en todos los cuerpos sutiles se producen de manera simultánea y multidireccional, donde una modificación en el mental también tiene repercusión en el etérico o un cambio en el emocional activa un proceso de reequilibrio en el causal. En todos los casos de expansión del campo que emitimos, y a todos los niveles, los chakras que hay en cada cuerpo funcionan como nodos de intercambio, distribuyendo información entre planos, mientras que los canales energéticos, incluidos los meridianos y los ejes centrales de conexión (el sushuma, el ida y el píngala por ejemplo), garantizan que el flujo no se interrumpa. Además, estructuras como el punto de anclaje, los cordones de conexión con niveles superiores como el cordón dorado o el cordón de plata y la esfera de consciencia local de cada avatar en cada encarnación actúan como estabilizadores, asegurando que la realidad local de la persona permanezca coherente incluso cuando se producen desplazamientos de frecuencia, cambios de subnivel vibratorio o procesos de desprogramación, interacción, afectación o influencia de una vida a otra por el intercambio “potenciado” de energía entre todas ellas.

Como además nuestro “huevo electromagnético” no es estático, sino que se expande, se contrae, se reorganiza y se recalibra constantemente en función de los estados internos y de las influencias externas, continuamente estamos ampliando o reduciendo nuestro alcance, tanto localmente como “dimensionalmente”. Las interacciones sociales, los entornos tecnológicos, los campos electromagnéticos artificiales tipo wifi o radiaciones móviles y las dinámicas colectivas del resto de gente de nuestro entorno influyen en su configuración, del mismo modo que nuestras decisiones conscientes o la intención de trabajar o modular su energía pueden reforzarlo o fragmentarlo.

Igualmente, cuando la estructura energética que tenemos se debilita, o no es capaz de sostener la energía que entra y que da lugar a esta expansión inicial, pueden aparecer fisuras y fugas energéticas (como un cubo al que le metes mucha agua pero tiene un agujero por donde pierde parte de ella), que, luego, pueden manifestarse como bloqueos emocionales (mucha energía en el cuerpo emocional activando partes del mismo que estaban “estancadas”), confusión mental (programas que se activan solo porque ha entrado mucho flujo sin que estuviera especialmente previsto que así fuera) o incluso alteraciones físicas si las capas físico-energéticas se “ensanchan” y estas hacen presión “hacia abajo”, dejando sentir esta ampliación en el avatar fisiológico.

Por el otro lado, si la estructura completa de toda la arquitectura vibracional humana se refuerza y armoniza, podemos experimentar mayor claridad (por expansión y potencia de las estructuras y procesos mentales), estabilidad (por la robustez etérica y energética) y capacidad de integrar información de niveles más amplios de consciencia (por mayor capacidad del cuerpo causal al estar más expandido y poder contener más datos).

La idea a recordar es que todo el sistema que tenemos es como un globo que se expande y se contrae, que en el proceso afecta a otros sistemas, personas, entorno, dinámicas de proyección de la realidad, pero, además, que puede traspasar las “fronteras” temporales y, a través de la supralma, influenciar o ser influenciados por las emisiones de otras encarnaciones. Todo muy dinámico, muy monitorizado para no perder la coherencia de todo el sistema, pero siempre con la capacidad de influir conscientemente en cómo usamos esa expansión si queremos influenciar o modular algo de nuestro entorno y realidad, solamente por proyectar nuestra energía más lejos o con más potencia sobre algo y con el conocimiento de cómo lo estamos haciendo para obtener un resultado u otro.

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