Metafísica - Estructura de la Realidad - Mente y Consciencia -  Sanación Energética

Los ciclos evolutivos de 27 y 54 años del ser humano y la maduración del “Yo Observador” de la psique

Habíamos mencionado en el anterior artículo que la numerología trabaja y analiza mucho el concepto de ciclos de vida y, que más allá de los ciclos de vida de 7 o 9 años que generalmente son bastante conocidos por todos, y también son analizados en otras múltiples disciplinas, existen otros ciclos “mayores” que vamos a explicar un poco hoy.

Digamos que estos ciclos mayores de 27 y 54 años que os había mencionado en el último artículo pertenecen a una capa más profunda de la numerología tradicional, y rara vez se explican o abordan, precisamente porque no operan en el plano psicológico inmediato (sobre nuestra personalidad o proyección de la realidad del día a día), sino en el plano estructural de  la trama sagrada (la línea temporal personal) de cada ser humano. Sobre la estructura de esta “trama sagrada” tenéis este diagrama en este enlace, así como el curso de líneas temporales donde la tenéis explicada al detalle.

Los ciclos mayores en numerología: arquitectura profunda del tiempo de desarrollo interno

Mientras que los ciclos personales de siete y/o nueve años describen el ritmo del crecimiento personal de cada uno, lo que sucede, se inicia, se culmina o se transforma en la vida cotidiana, los ciclos mayores describen la lógica invisible que organiza esos acontecimientos que nos van sucediendo a lo largo de cada paso que damos y cada octava que proyectamos. No hablan tanto de lo que ocurre, sino de desde dónde ocurre.

La clave para comprenderlos es recordar que el tiempo no es lineal, sino simultáneo y estratificado, es decir, que hay diferentes capas que llevan diferentes procesos que rigen la proyección de nuestra realidad y nuestro crecimiento, y que cada capa de la psique tiene un ritmo temporal que opera a un nivel distinto de la estructura del ser que somos.

El ciclo de 27 años: maduración de la estructura del “Yo Observador”

El ciclo de 27 años surge de la multiplicación de 3 × 9. El 9 representa cierre y culminación de algo; el 3 representa conciencia, autoexpresión y sentido. Por tanto, el ciclo de 27 años describe la culminación completa de una estructura identitaria que forma la base del “Yo Observador”, que es la parte de nuestra psique que es consciente de sí misma y del resto de “yoes” y procesos que se dan en el interior de la mente, algo que vemos en el primer nivel de la formación en desprogramación mental y que es lo que nos permite observarnos a nosotros mismos, y darnos cuenta de lo que estamos pensando, de lo que estamos sintiendo, de otros “yoes” que hablan y captamos como “las voces de mi cabeza”, etc.

Durante este periodo de 27 años, el “Yo Observador” construye una forma de estar en el mundo: valores, creencias, mecanismos de defensa, modo de relación con los demás, vocación aparente según percibe qué ha o debe hacer y su narrativa personal de cómo mostrarse hacia «fuera» a partir del análisis de todo lo que “capta” de los procesos interiores de la mente, de la programación que tenemos y del sistema de creencias que se va formando. No tiene aún un conocimiento “profundo” del mundo interior de su estructura mental, por lo que solo es el periodo en el que se forma la identidad funcional de quienes somos por observación «silenciosa» de “cómo estamos programados” por lo que se impregnó en nosotros en el nacimiento y lo que traemos configurado para esta encarnación y estamos a su vez recibiendo del resto de vidas simultáneas y paralelas que están coexistiendo con nosotros en otros momentos y épocas históricas.

Al finalizar el primer ciclo (alrededor de los 27–30 años), en general, el Yo Observador (nuestro “yo interno” consciente) suele atravesar una mini crisis silenciosa, que no suele ser dramática, pero sí estructural. Al llegar a la treintena, muchas personas sienten que “algo ya no encaja”, incluso aunque externamente todo funcione. Esta crisis no es bloqueo energético o mental o una disfunción, al menos en general no lo es, sino más bien la señal de que la primera arquitectura del “yo observador” ha llegado a su límite. Así, en términos simbólicos, el ciclo de 27 años marca el paso de la identidad heredada o construida por la programación recibida al nacer y los sistemas de creencias imbuidos en las tres primeras décadas de vida a la identidad elegida que la persona ya puede empezar a moldear al prestar atención y hacerse más consciente de lo que “pasa en su interior”, que es lo que permite empezar a tomar control de otros yoes al hacernos conscientes de cómo nos comportamos, qué cosas nos hacen «saltar», que nos «detona» un comportamiento determinado y qué detona otro, etc.

Segundo ciclo de 27 años (27–54): confrontación y reordenación

A partir de ese momento, y superada esa pequeña crisis psicológica, el segundo ciclo de 27 años no repite el primero. Su función es poner a prueba la estructura construida previamente por la programación “global” de la persona y “observada” en silencio por el Yo Observador. Aquí emergen los conflictos no resueltos, las incoherencias internas y las decisiones tomadas por cada uno en el primer ciclo mayor de vida desde la adaptación, imposición, obligación, aceptación “por qué toca hacer eso”, etc.,  más que desde la verdad interior de lo que realmente todos nosotros pensamos que, en realidad, tendríamos que haber hecho o dejado de hacer.

Este periodo suele estar lleno de contrastes: expansión externa de todos los niveles de la personalidad y desarrollo de múltiples aspectos internos que proyectan cambios en la realidad “adulta” del ser humano, pero acompañada a veces de vacío interno, éxito profesional (porque ya estamos en una etapa “madura” de la vida) unido a pérdida de sentido porque hay creencias, sustratos, datos, vivencias, etc., en nuestro cuerpo mental que no terminan de encajar con lo que somos, hacemos o queremos ser, o estabilidad general en la vida (ya tenemos familia, un trabajo estable, una zona de confort, etc.) junto a una sensación de estancamiento porque seguimos proyectando la estructura psíquica construida durante los primeros 27 años de vida que no cuadra con lo que ahora quisiéramos ver reflejado en nuestra realidad. Todo esto responde a un proceso en el que la conciencia del Yo Observador intenta alinearse con algo más profundo que únicamente el rol del personaje que hemos construido desde el nacimiento.

En este periodo suele darse la llamada “crisis de la mediana edad”,  que es también producto de los procesos de readaptación interna del yo observador a las nuevas estructuras mentales que estamos desarrollando, y suele reflejar el choque entre los “yoes operativos” (todo el conjunto de facetas y personalidades que nos permiten lidiar con las obligaciones del día a día) y los principios y programación más profunda de la psique (la imbuida al nacer por el alma, la supralma y el YS para formar el “destino” y propósito de vida de cada uno) que aún no ha sido “descubierto” o accedido por el Yo observador, analizado, comprendido, integrado, etc.

El ciclo de 54 años: integración o ruptura definitiva

Luego, al finalizar esa etapa anterior, se inicia el ciclo de 54 años (2 × 27), que representa la culminación de dos grandes espirales evolutivas completas. Aquí el Yo Observador ya no trata de corregir la identidad “del personaje” que hemos creado y que forma lo que somos de cara a los demás, sino de trascenderla.

Quien llega a este punto de la vida sin haber realizado el trabajo del segundo ciclo (introspección interior, evaluación de lo que es importante para una persona en la vida, cambios en los sistemas de creencias para desechar lo que ya no sirve, alinearse con nuevos valores más elevados, etc.) suele experimentar rigidez, resistencia al cambio, repetición de patrones, sensación de desconexión entre lo que uno “es” y siente “por dentro” respecto a lo que parte de su programación y “yoes operativos” proyectan hacia “fuera”, etc.

Quien, en cambio, ha atravesado conscientemente las crisis anteriores y las ha aprovechado para analizarse a sí mismo y hacer los cambios oportunos, entra en una etapa de síntesis profunda. Las personas dejamos de definirnos por lo que hacemos o por lo que fuimos, y se comienza a operar desde una comprensión más esencial del sentido de su vida, a entender cada uno su propósito y misión, a encontrar los caminos para ponerlo en marcha, etc.

Ligándolo con la numerología, en la tradición neopitagórica, este punto en la vida de cada persona se asociaba a la posibilidad de acceder a una forma de sabiduría «elevada» al hacerse consciente el Yo Observador de procesos, patrones, sustratos, información, etc., que ya vienen desde niveles más profundos del ser humano, sea directamente desde el YS o sea a través de los canales subconscientes de la psique desde donde también el alma y la supralma pueden imbuir sus mensajes y información hacia la personalidad “consciente”. Pitágoras describía este estadio como el momento en que los números dejan de organizar la vida desde fuera y comienzan a resonar desde dentro (sus campos, arquetipos y conceptos más elevados que son los que dan sentido a la función de ese número).

Relación entre ciclos mayores y ciclos personales

Por lo tanto, y volviendo al análisis numerológico, si se analizan los ciclos mayores no se hace como si sustituyeran a los ciclos de nueve años agrupando varios de ellos en una interpretación más amplia, sino que se siguen estudiando los ciclos personales “menores” que siguen activos, pero ya se analizan según el ciclo mayor en el que se encuentran, porque cambian de función.

Es decir, en el primer ciclo de 27 años, los años personales construyen lo que somos y lo que vamos haciendo en cada etapa.
En el segundo ciclo confrontan lo que hemos hecho y nos hacen reevaluar parte de todo ello hasta donde hayamos sido capaces de desarrollar nuestro Yo Observador y la capacidad de analizarnos a nosotros mismos.
En el tercer ciclo, ya a partir de los 54 años, refinan la trama sagrada porque ya proyectamos otro tipo de “onda” con otro tipo de contenido más profundo o, por otro lado, repiten el contenido de los ciclos anteriores si no se ha conseguido salir de esas “crisis de edad” con una visión más amplia y holística de todo lo que somos y hacemos. Por lo tanto, el análisis del mismo Año Personal puede vivirse de manera completamente distinta según el ciclo mayor en el que se encuentre la persona. Un Año 1 a los 25 años no tiene el mismo significado que un Año 1 a los 52, aunque el número sea idéntico.

Finalmente, y como resumen, los ciclos “mayores” no sirven tanto para predecir eventos en nuestra proyección de la realidad sino más bien sirven para comprender el sentido de los eventos que proyectamos. No indican qué va a pasar, sino por qué lo que pasa tiene que pasar, de ahí la importancia del trabajo con el YS para tener herramientas que nos ayuden a recibir esa información, comprensión y respuestas del “porqué” de las cosas que nos suceden, y que vienen emitidas por nosotros mismos, pero desde múltiples niveles de nuestra psique y programación de los que nos hacemos conscientes a medida que el Yo Observador «interno» es capaz de darse cuenta del resto de componentes, creencias, yoes, parámetros, etc., que contiene nuestro cuerpo mental y nuestra programación de vida.

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