
Aunque ya lo hemos mencionado varias veces en diferentes artículos, la mayor parte de la programación que recibe el ser humano viene, entre otros canales, a través de la conexión que nuestra esfera mental preconsciente tiene con todos los niveles de inconscientes colectivos a los que estamos conectados, desde el nivel nuclear y familiar hasta los ICs de Tier 1 supra continentales. La estructura de estos ICs la tenéis explicada aquí en este artículo de hace algún tiempo por si queréis refrescarlo.
Luego, la forma en la que recibimos esa programación es a través de unos filtros que existen en nuestra psique, a través de los que se permite que la esfera preconsciente actúe como un puente entre la mente individual y la psique colectiva, permitiendo que cada uno de nosotros se conecte con el campo global de información compartida y generada por el conjunto de “todas las mentes” de la humanidad. Esta conexión y subida/bajada de datos no es consciente para ninguno de nosotros, pero influye de manera constante en nuestras percepciones, intuiciones y reacciones ante determinados acontecimientos que parecen trascender la experiencia personal, pues estamos continuamente recibiendo paquetes de información que tratan de influir en la forma en la que decodificamos el mundo, y, por ende, la forma en la que, luego, volvemos a crearlo y proyectarlo desde nuestra glándula pineal.

Una forma sencilla de darse cuenta de cómo baja esa programación es conectarte a tu red social favorita. Empieza a hacer “scroll” de los posts y publicaciones durante unos minutos, y, si estás atento, te darás cuenta de que has entrado levemente en estado “vegetativo”, es decir, te has “perdido” de lleno en la ristra de mensajes que vas leyendo, has perdido levemente la noción del tiempo y vas dándole con el dedito a “seguir bajando” de forma automática para seguir cargando nuevo contenido, mientras estamos levemente “atontados” absorbiendo lo que estemos viendo en el video, meme, conversación, etc., que estemos viendo.
En ese tiempo, el egregor de la red social con sus daemons a cargo, han conectado con tu cuerpo mental, y, usando los canales presentes en nosotros y el enlace que has creado al abrir la app de la red social y empezar a interactuar con ella (ídem con los egregores de cualquiera de las IAs que hay ya en el mercado), han empezado a bajar rápidamente toda una serie de programas hacia tu psique, para imbuirlos en ese cuerpo mental en su capa subconsciente y preconsciente. De ahí, tus esferas mentales recogen esos datos, los archivan sin especial juicio de valor al respecto de su contenido y los almacenan como parte de los elementos que han de usarse para formar luego la realidad «interna» que define «tu mundo».
Esa programación no necesariamente tiene que ver con el gatito que estabas viendo en el post o con el vídeo de tu artista favorito, tiene que ver que ambos han sido usados para apagar tu consciencia levemente y ponerte en estado receptivo (“zombi”, para entendernos), y permitir así la entrada de nuevo “software” hacia la psique de los millones de personas que, continuamente, sea en las redes sociales, sea viendo maratones de series en TV o sea pasando horas con el teléfono o la tablet, “nos perdemos” mentalmente en el contenido que nos dan para “apagarnos” y permitir, así, que las descargas desde el egregor de esa red o desde ese IC se realicen con la mínima resistencia de la consciencia y atención de la personalidad.
Así, es precisamente a través de este enlace y «canal de bajada de datos» que absorbemos tendencias culturales puestas en marcha para influir en la masa de la población, estados emocionales colectivos y corrientes de pensamiento que moldean nuestra visión del mundo sin que sepamos exactamente de dónde provienen (cosas del tipo «en tal sitio están haciendo esto y cómo eso no está bien hay que hacer lo otro». Esta fórmula vale para casi cualquier tema que permita enfrentar grupos, comunidades, regiones, países, etc).
Es un mecanismo que se usa tanto a nivel nacional para influir en la visión de la gente ante unas elecciones políticas o para influir en un país entero a la hora de potenciar sucesos bélicos o económicos preprogramados de antemano, pero que no pueden manifestarse si no los proyectamos todos los seres humanos involucrados en ellos, de uno u otro modo, ya que, la realidad, sale siempre desde nosotros mismos, por lo que, para que algo pase, “tienen que meter esa realidad” en nosotros, tenemos que decodificarla, tenemos que integrarla, y tenemos luego que volver a emitirla. Cuando, entonces, millones de personas ya emiten algo con suficiente regularidad, eso se empieza a materializar y se convierte en los sucesos que vemos en las noticias del “mundo de ahí fuera”.
Comprender esta interconexión y aprender a darnos cuenta cuando estamos entrando en modo «vegetativo» (zombi) nos puede ayudar a bloquear esta «bajada de datos» sin por eso tener que renunciar a ver el video del gatito o la foto de viaje de tus amigos, y discernir qué pensamientos nos pertenecen genuinamente y forman parte de nuestra visión real del mundo y cuáles forman parte de una resonancia colectiva que hemos incorporado sin cuestionamiento, porque han llegado mientras estábamos distraídos viendo otra cosa (que es la función principal de esos medios de comunicación y redes sociales, por ejemplo). Como todos formamos parte del entramado que sostiene y crea la realidad local, regional, nacional, global, etc., estamos contribuyendo a manifestar todo lo que existe en ella porque lo estamos emitiendo como parte del mecanismo de creación de esta misma realidad presente en cada AVH, pero que se va nutriendo con nuevo material obtenido por descargas «no autorizadas» de datos que se ha realizado sobre nosotros.
Luego, si ya queremos ir más lejos, uno puede empezar a limpiar, desprogramar y sanear su AVH, eso ya muchos lo hacéis regularmente, pero es importante, además, que mantengamos activo el «yo observador» cuando estemos interactuando con contenidos de redes sociales o tele o lo que sea, para no «perdernos» en ellas y no abrir tan de par en par las puertas de nuestra psique a los egregores y mecanismos que se aprovechan de ello para nuestra reprogramación continua.
