14
Dic
Entré en el interior de mí mismo sin sospechar que, si quieres, puedes descubrir cosas sorprendentes. Jugaba con mi niño interior en su habitación blanca llena de juguetes, un lugar donde la risa y la alegría son la norma de la casa, donde solo se permite la entrada al alma, pero no al ego. Ya lo había hecho otras veces, y cada vez me gustaba más. Por alguna razón, no había explorado demasiado el lugar donde me encontraba, y desconocía la existencia de otra entrada que no fuera la que yo usaba para llegar allí, cuando mi niño interior me indicó una puerta blanca, una puerta de madera, en…
