24
Nov
Muchos de los males y preocupaciones que tenemos como adultos son debidos a que hemos olvidado la alegría de vivir, la inocencia y la naturalidad que teníamos cuando éramos niños. Nos hemos adaptado al mundo de ahí fuera y hemos perdido, en la mayoría de los casos, la conexión con el niño que éramos, con el placer del estar por estar, vivir por vivir, e ilusionarnos por cada nuevo descubrimiento que hacíamos cada vez que aparecía algo diferente ante nuestros ojos. Pero nuestro niño interior no ha desaparecido, no ha dejado paso al adulto y se ha ido sin más, sino que se ha convertido en un componente oculto y reprimido, en la mayoría de los…
