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Los programas individuales del sistema de creencias y la percepción de nuestras posibilidades

Uno de los elementos que marcan con mayor potencia el contenido de aquello que vemos como “nuestra realidad” es nuestro sistema de creencias.

A nivel energético, en el cuerpo mental, una creencia es un patrón de contenido asociado a una programación determinada (por ejemplo, merecimiento, paciencia, escasez, etc.) y conectada directamente a un arquetipo, que, cuando es emitida por la pineal, lleva “códigos” de “esto se tiene que ejecutar con prioridad” porque forma parte de las estructuras de la realidad de la persona, más que un simple pensamiento sobre cualquier cosa (asociado también a programas, miedos u otras creencias) que no lleva implícito ese nivel de “prioridad” en los mecanismos de manifestación de aquello que proyectamos.

Las creencias, o el sistema de creencias en su conjunto, son siempre internas. Se almacenan a múltiples niveles en las capas subconsciente y preconsciente de la AVH mental, y no siempre es fácil darse cuenta de ellas. Es posible que uno emita cosas como “no soy suficiente”, “no me lo merezco”, “siempre me sale mal” o “eso no es para mí”, pero no nos estemos dando cuenta de ello.

Sin embargo, al ser programas profundamente arraigados que operan bajo arquetipos mayores, condicionan nuestra relación con la abundancia, el éxito o el reconocimiento. Estos programas/patrones, que forman el sistema de creencias, actúan como filtros que seleccionan la información que se emite y luego se manifiesta como parte de los resultados del día a día, lo cual valida su propia existencia, reforzando así la percepción de limitación, por ejemplo, que podamos tener en una o varias áreas de vida.

Por tanto, el esfuerzo se tiene que poner en identificar estos patrones de creencias (que no solo tiene que ver con el tema religioso, sino con cualquier cosa que nosotros “creamos que eso es así”). Al hacerlo, y eliminarlas (previo diagnóstico y trabajo con el YS), comprendemos que muchas de nuestras barreras no provienen de circunstancias externas, sino de órdenes internas que hemos aceptado sin cuestionarlas.

La transformación comienza cuando reconocemos que el sistema de creencias personal puede ser modificado, sustituido o eliminado, permitiendo que nuestra experiencia se expanda más allá de los límites que habíamos asumido como naturales en cualquier aspecto de nuestra vida.

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