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Repasando conceptos: La soberania de decidir qué queremos proyectar

Siempre que en el blog hablamos del concepto de desprogramación de la psique y del contenido de nuestra estructura mental, porque éste es quien actúa como fuente de aquello que existe en el mundo en el que vivimos, intento acercaros a la idea de que el trabajo que se tiene que hacer para cambiar las cosas “de ahí fuera” no implica necesariamente enfrentarse al mundo externo, sino asumir la responsabilidad de revisar críticamente los contenidos que operan en nuestra mente y que, sin supervisión consciente, determinan nuestras decisiones, situaciones, eventos, procesos emocionales y reacciones de la conducta.

Desde el paradigma global bajo el que nacemos y que todos emitimos “de serie”, porque todos llevamos programadas una serie de reglas idénticas, hasta los arquetipos culturales, sociales, familiares, religiosos o científicos que interiorizamos, los hayamos heredado de nuestros linajes o los hayamos “bajado” desde los inconscientes colectivos, siempre hay que mantener el foco en que nuestra estructura mental ha sido moldeada progresivamente por influencias externas que rara vez cuestionamos.

La desprogramación mental de la que tanto hablamos y que, a veces suena como si fuéramos a desmontar algo que es “malo” en nosotros, es, más bien, un acto de soberanía interior, porque supone recuperar la capacidad de elegir qué creencias queremos conservar y cuáles deseamos transformar, para así cambiar el contenido de la proyección de la realidad y escoger qué tipo de cosas son las que “salen” de nosotros.
Este proceso, para empezar, siempre requiere observar los pensamientos automáticos, identificar los patrones repetitivos y comprender que muchas de nuestras limitaciones no son inherentes al ser que somos, a la parte más profunda de cada uno, sino instaladas a través de la educación, los medios, las redes sociales, las conexiones con las estructuras comunes de realidad, etc.

La autobservación es la clave, la consciencia es la herramienta. Solo cuando reconocemos esta programación, patrones, creencias, etc., podemos empezar a desmontarla y reconstruir una visión de la realidad más coherente con nuestro potencial humano.

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